Cuando uno no es capaz de superar algo que le agrede el alma, se lo "auto-cura" con alguna adicción, algunos usan drogas, otros el alcohol, otros el deporte, otros con el trabajo, otros con lo que creen que es amor... Yo me enganché a viajar. Necesitaba huir cada cierto tiempo de una atmósfera que me se hacía irrespirable, una realidad de la que huía, que no quería mía.
Viajaba con rumbo y errante, perdida, para encontrarme. Era como inyectar una buena dosis de morfina en mi maltrecho corazón.
Pero ahora ya no necesito viajar para huir, ya no huyo, ya no tengo miedo, ya no rebusco en un futuro queriendo borrar un pasado, ahora estoy lúcida y con ganas de enfrentarme a plena luz con la realidad, estoy preparada, pero viajo la semana que viene y me siento como un ex alcohólico que por primera vez va a una fiesta sin usar un brebaje etílico para meterse en su papel lúdico.
Tengo que aprender a vivir de nuevo, porque ya no hay subterfugios, porque ya no hay máscaras, porque ya no hay nada que me dé más miedo que huir y emborracharme de vida, sin filtrar sin guardar nada en la recámara de la memoria.
Ahora quiero ser consciente de todo, y viajar para ir, no para irme.
Jessica. León. Escritora ciclotímica establecida en la estratosfera de la molestia. La china de tu zapato.
domingo, 18 de diciembre de 2016
jueves, 15 de diciembre de 2016
Tengo miedo
Tengo miedo. Vale, no es muy valiente confesarlo. No me deja en buen lugar admitir mi debilidad, mis puntos frágiles, mi talón de Aquiles o tal vez sea lo más valiente que he hecho en mi vida, admitir que tengo miedo. Miedo a sentir, a enamorarme, a involucrarme, a que me cuentes qué te pasa y que luego tenga que hablar de lo que me pasa a mí, que yo también tenga que desnudar algo más que la piel. Eso es fácil, pero tú me has demostrado que no te quieres quedar en el tacto y me lo has complicado todo, todos mis planes de rehuir, como he hecho siempre, de escabullirme, e incluso si intento boicotear la relación, pones expresión de espejo que rebota cada daga que te lanzo.
Y tengo miedo, porque te quedas, porque no puedo echarte más, me has dejado agotada, exhausta de luchar contra esto. Vale me rindo.
Me has dicho algo que me ha desarmado aún más: que tú también tenías miedo.
Y aún así no te has marchado, con tus dolores, tus traumas y tus cicatrices, con tus bromas y tu mal carácter, con tus días buenos y malos, sigues aquí, y eso me da miedo, pero yo creo que es del bueno.
Y tengo miedo, porque te quedas, porque no puedo echarte más, me has dejado agotada, exhausta de luchar contra esto. Vale me rindo.
Me has dicho algo que me ha desarmado aún más: que tú también tenías miedo.
Y aún así no te has marchado, con tus dolores, tus traumas y tus cicatrices, con tus bromas y tu mal carácter, con tus días buenos y malos, sigues aquí, y eso me da miedo, pero yo creo que es del bueno.
viernes, 25 de noviembre de 2016
Cuando yo era una insufrible
Cuando yo era una insufrible, me
comportaba de forma algo déspota con los demás. No sé. Con cierto
desdén, quizás. Con cierto desapego, con cierta distancia
emocional. Llegaba tarde a todas mis citas, o ni llegaba, porque al
final me cogía el 32 hasta la Plaza Benavente y me iba a pasear sola
por Sol. Y sí, hablaba de mis minucias, pero jamás de las más
graves, que pululaban en el mundo abstracto de mis emociones, en una
caja de Pandora, cerrada a consciencia, y sepultada y enterrada, como
una parte de mí, que actualmente estoy rescatando, y con quien estoy
haciendo las paces actualmente.
Le pido perdón todos los días por
haberla abandonado hace tantos años, pero es que necesitaba seguir
hacia adelante, y tenía que decidir si seguir sin ella, aunque me
doliera o hundirnos las dos, y gracias a que me despojé de ella,
ambas hemos podido sobrevivir y unirnos más adelante.
Huía del compromiso, tanto en mis
relaciones de pareja, como de amistad, estaba, pero a medias, a
veces, como si dejase solo un espectro de mí, mientras desconectaba
la realidad del corazón, anestesiándome cada día un poco más.
A veces, salía corriendo literalmente
si me daba un bajón, o me iba a patinar a las ollas del
polideportivo hasta que me ardían las rodillas de la rabia, hasta
que me empotraba literalmente contra alguna pared de aquel cemento
que me cercaba, como sentía que a veces, era mi día a día.
Y entonces, encontré una manera de
salir adelante, y fue la risa, reírme hasta de mi sombra, y lo que a
algunos les atraía de mí, mi gesto risueño, a otros les parecía
un perfil pueril de una muchacha que parecía que guardaba un oasis
en su interior, mientras que por fuera se moría de sed.
A todos los que alguna vez, dejé
plantados, o esperando una, dos, o tres horas, y que seguisteis
hablándome, intuyendo que detrás de mis desplantes ocurría un
torbellino emocional, gracias, y a los que nunca fui capaz de
haceros entender de que la guerra no la tenía con vosotros sino
conmigo misma, perdón.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Yo no quiero que un "Monstruo venga a verme"
Una
de mis alumnas de 4 años, me cogió hace poco de la mano, me
sonrió, y me preguntó:
-"Profe, ¿tú tienes mamá?"
-"Sí, cariño, tengo mamá"
Me sonrió aún más y me respondió:
- "Yo también, profe".
- "Me alegro mucho, Sofía."
Ella siguió sonriendo y a mí casi se me saltan las lágrimas, porque ellos saben qué es lo importante de la vida. Por eso yo no quiero que un "Monstruo venga a verme". No quiero. Otra vez no. A veces, se me nubla la mirada pensando en que algo así pudiera volver a pasar, y debo confesar que me cuesta no caer en la tristeza.
-"Profe, ¿tú tienes mamá?"
-"Sí, cariño, tengo mamá"
Me sonrió aún más y me respondió:
- "Yo también, profe".
- "Me alegro mucho, Sofía."
Ella siguió sonriendo y a mí casi se me saltan las lágrimas, porque ellos saben qué es lo importante de la vida. Por eso yo no quiero que un "Monstruo venga a verme". No quiero. Otra vez no. A veces, se me nubla la mirada pensando en que algo así pudiera volver a pasar, y debo confesar que me cuesta no caer en la tristeza.
Voy a
ir a ver la película, aunque pueda abrir viejas heridas, viejos
sentimientos, y viejos miedos. Porque aún hoy, de vez en cuando,
lloro sin motivo, y cuando me preguntó qué me pasa, me acuerdo de
esos días, donde me daba tanto miedo que en alguna visita a la UCI,
no aguantaras más, y te apagaras. Aún a día de hoy, la palabra
cáncer, me sigue dejando sin aliento y con ganas de correr sin
rumbo, queriendo escapar de algo que no se huye ni yendo en dirección
contraria, esa espada de Damocles, que como un péndulo, te recuerda,
la fragilidad y el valor de la vida.
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lunes, 24 de octubre de 2016
No quiero que me perdones
Prefiero que me odies por decir la
verdad a que me ames por mi mentira. Así te lo digo. No valgo para
ser políticamente correcta. Para adularte los oídos y decir “sí,
buana” a todo. Qué pereza.
Hace poco me pasé tres pueblos con
alguien, y lo peor, o lo mejor de todo es que lo hice por amor. Sí,
sí, por amor. “Ala, qué cínica eres” Estaréis pensando, y tal
vez lo fui, y he estado sopesando fríamente en pedir disculpas a mi
amado damnificado porque ahora está muy cabreado conmigo, y no es
para menos, pero ¿sabéis qué? Que cuando uno está haciendo el
tonto en la vida y peor aún “con la vida”, de vez en cuando,
necesita que alguien le diga algo tan obvio pero que por tal cualidad
nadie dice: “Eh, tú, deja de hacer el gilipollas, anda”.
Y tal vez no era yo quien tenía que
cantarle las cuarenta, ni siquiera por amor, pero, ¿hasta qué punto
debemos dejar que alguien se dé una y otra vez contra un muro
calladamente? ¿hasta qué punto es peor hacer daño siendo franco
una vez, que con la falsedad del silencio continuada?
Bueno, que sepáis que mi futuro marido
me ha pedido el divorcio antes de casarnos porque considera que soy
un ser vil y despiadado que adolece de sentimientos y empatía por
haberle instado a dejar sus actitudes autocompasivas y a
autodestructivas, vamos, que le conmine a dejar de tocar las narices
a diestro y siniestro y a que espabilara. Y no, hay cosas, por las
que realmente no quiero que me perdonen, que me perdone quien no me
hizo sentir nunca nada tan fuerte, como para poner el suelo patas
arriba y decir: “Tú, despierta y déjate ya de historias”,
porque cuando pasas de todo, es porque ahí todo está perdido.
martes, 18 de octubre de 2016
Por qué no quiero una hipoteca
Eh, que no me he vuelto loca, ¿vale?
Que quiero tener una casa, por supuesto...
Pero no quiero que mi casa me posea a
mí, que me tenga, que me haga prisionera, no quiero volverme una
amargada cuyo único fin del mes y de la vida sea trabajar para pagar
mi deuda con el banco. Pasar en mi casa poco tiempo porque necesito
pasarme el día trabajando para pagarla.
Y es que nos ha vendido la idea de que
uno no madura del todo hasta que no firma su primera hipoteca, y en
ese poseer, se nos va el santo al cielo y desahuciamos hasta al alma
como se ponga pesada y nos pida su lugar. Nos han vendido que para
que presumir hay que sufrir y para vivir, al menos en una vivienda
propia, hay que sudar la gota gorda, y vender nuestro tiempo para
cumplir con cada letra. ¿Y si alguna vez caes enfermo? ¿Las dos
habitaciones se te quedan pequeñas para uno más? ¿Si quieres
probar suerte en la Conchinchina? ¿Si quieres irte a vivir al campo
una temporada, resetear, o no sé, las cosas te vienen mal dadas?
La gente me mira por encima por encima
del hombro cuando les digo que estoy de alquiler, y yo no contesto,
dicen que estoy tirando el dinero, pero lo que estoy haciendo es
invertir en salud mental, que si me hipoteco algún día, no será
con un ladrillo, sino con un corazón.
jueves, 13 de octubre de 2016
Nightwing
Las mejores cosas que me han pasado han sido con gente que en principio me caía fatal. En serio.
Esa persona que no me daba buena espina, que me daba tirria o poca confianza, me acababa poniendo los esquemas del revés y, mira tú, o acababan siendo grandes amistades o grandes amores.
Él me caía fatal, y aún hoy me cae mal. Extraordinariamente mal. Tan mal que ya se ha hecho un hueco en mi corazón. Por lo que me ha dado, y por qué no, por lo que no me ha brindado, por las ganas con las que me ha dejado de más. De todo. Por haber encendido de nuevo el interruptor de la vida. Qué coño. Por no haberme dado lo que quería, sino lo que necesitaba. Por frenarme, y decirme: "Espera. Ahora no".
Porque Catwoman, a veces, necesita a Robin, aunque sea para sentirse acompañada en los combates.
Porque es la hora de las heroínas y así sucedió.
De repente Catwoman rescató a Robin.
Esa persona que no me daba buena espina, que me daba tirria o poca confianza, me acababa poniendo los esquemas del revés y, mira tú, o acababan siendo grandes amistades o grandes amores.
Él me caía fatal, y aún hoy me cae mal. Extraordinariamente mal. Tan mal que ya se ha hecho un hueco en mi corazón. Por lo que me ha dado, y por qué no, por lo que no me ha brindado, por las ganas con las que me ha dejado de más. De todo. Por haber encendido de nuevo el interruptor de la vida. Qué coño. Por no haberme dado lo que quería, sino lo que necesitaba. Por frenarme, y decirme: "Espera. Ahora no".Porque Catwoman, a veces, necesita a Robin, aunque sea para sentirse acompañada en los combates.
Porque es la hora de las heroínas y así sucedió.
De repente Catwoman rescató a Robin.
lunes, 3 de octubre de 2016
"Carlos"
He tostado a todo el mundo con los avatares de mi última "no-conquista", una relación sin relación, sin amor y con muchas ganas, vamos, frustración en dosis elevadas no aptas para cardíacos sin corazón.
Hubo algo que me hizo reflexionar en especial, y fue cuando una de mis amistades me dijo: "¿Sabes, Jess? Ese chico no me gusta para ti", era la primera vez que tanta gente me intentaba quitar de la cabeza a alguien, a nadie le gustaba cómo se comportaba conmigo, y lo peor era mi ceguera voraz, que me carcomía la dignidad.
Una de las cosas que más me hicieron reflexionar , fue un comentario de mi amiga:
"A ver, Jess, cuéntame, ¿este chico ha hecho algo por ti?"
"¿Cómo?" De repente no entedía nada.
"Sí, Jess, que por lo menos Carlos hacía cosas por ti, ¿pero este?
Me quedé pensando en Carlos, y en mi nuevo pretendiente, poco tenían que ver, pero a lo mejor había sido eso lo que inconscientemente yo había buscado.
Aunque empecé a extrañar a Carlos, y a valorar todo lo que había hecho por mí.
Pero...
¿Qué significa realmente eso de que alguien haga algo por ti?
Cuando alguien te pone más fácil la vida ya ha hecho algo por ti.
En ese momento me di cuenta de que no, no había ayudado a que mi vida fuese más liviana, sino que encima había cooperado hacerme las cosas más difíciles.
Por eso, supe, que cuando estuviera preparada, volvería a hablar con Carlos, le debía un beso y un "gracias", pero ese, ya es otro capítulo...
Hubo algo que me hizo reflexionar en especial, y fue cuando una de mis amistades me dijo: "¿Sabes, Jess? Ese chico no me gusta para ti", era la primera vez que tanta gente me intentaba quitar de la cabeza a alguien, a nadie le gustaba cómo se comportaba conmigo, y lo peor era mi ceguera voraz, que me carcomía la dignidad.
Una de las cosas que más me hicieron reflexionar , fue un comentario de mi amiga:
"A ver, Jess, cuéntame, ¿este chico ha hecho algo por ti?"
"¿Cómo?" De repente no entedía nada.
"Sí, Jess, que por lo menos Carlos hacía cosas por ti, ¿pero este?
Me quedé pensando en Carlos, y en mi nuevo pretendiente, poco tenían que ver, pero a lo mejor había sido eso lo que inconscientemente yo había buscado.
Aunque empecé a extrañar a Carlos, y a valorar todo lo que había hecho por mí.
Pero...
¿Qué significa realmente eso de que alguien haga algo por ti?
Cuando alguien te pone más fácil la vida ya ha hecho algo por ti.
En ese momento me di cuenta de que no, no había ayudado a que mi vida fuese más liviana, sino que encima había cooperado hacerme las cosas más difíciles.
Por eso, supe, que cuando estuviera preparada, volvería a hablar con Carlos, le debía un beso y un "gracias", pero ese, ya es otro capítulo...
sábado, 1 de octubre de 2016
No sos vos, soy yo
No sos vos, soy yo. En serio. No eres tú, soy yo, que no me vale nada, que no me vale nadie.
Me he dado cuenta de que la que tiene un problema soy yo. No puedo enamorarme, ni entregarme, y solo entro en bucle en relaciones que sé que no irán a ningún sitio. Y no, no voy en plan victimista, que no es eso, esbozo la radiografía de un corazón abierto, un mero diagnóstico de alguien que encuentra trabas en todos los hombres que encuentra a su alrededor.
No me gusta que se vayan, pero me encanta ver cómo se van. Y así tengo excusa para liberarme de eso que llaman amor, uf, ¡qué dulce claustrofobia!
Si son altos, porque son altos, bajitos no, que tampoco me gustan, y despegados tampoco, que necesito cariño, pero empalagosos ni de broma, que me ahogan.
No me gustan los que dudan y no se comprometen, pero huyo de los que quieren irse a vivir conmigo al mes de conocerme. Quiero que sean empáticos, pero no tanto que me remuevan las entrañas, que sean "todo sentimiento", todo sensibilidad.
No quiero que vengan, pero tampoco que se vayan. No sé, imagino que quiero a alguien que se quede, y que no me haga mucho caso, que tenga paciencia y no se vaya muy lejos, por si acaso.
Porque a veces no has de entender del todo a alguien, sobre todo, al principio, tan solo, has de quererle y disfrutar de la travesía de conocimiento propio y el ajeno, ser un espejo, qué coño:
Vibrar y fluir, aunque uno no quiera y tenga miedo, y quiera salir corriendo y quedarse, y todo junto.
Y si quieres vete, pero quédate conmigo.
Que quiero salir corriendo, pero que sea contigo.
Me he dado cuenta de que la que tiene un problema soy yo. No puedo enamorarme, ni entregarme, y solo entro en bucle en relaciones que sé que no irán a ningún sitio. Y no, no voy en plan victimista, que no es eso, esbozo la radiografía de un corazón abierto, un mero diagnóstico de alguien que encuentra trabas en todos los hombres que encuentra a su alrededor.
No me gusta que se vayan, pero me encanta ver cómo se van. Y así tengo excusa para liberarme de eso que llaman amor, uf, ¡qué dulce claustrofobia!
Si son altos, porque son altos, bajitos no, que tampoco me gustan, y despegados tampoco, que necesito cariño, pero empalagosos ni de broma, que me ahogan.
No me gustan los que dudan y no se comprometen, pero huyo de los que quieren irse a vivir conmigo al mes de conocerme. Quiero que sean empáticos, pero no tanto que me remuevan las entrañas, que sean "todo sentimiento", todo sensibilidad.
No quiero que vengan, pero tampoco que se vayan. No sé, imagino que quiero a alguien que se quede, y que no me haga mucho caso, que tenga paciencia y no se vaya muy lejos, por si acaso.
Porque a veces no has de entender del todo a alguien, sobre todo, al principio, tan solo, has de quererle y disfrutar de la travesía de conocimiento propio y el ajeno, ser un espejo, qué coño:
Vibrar y fluir, aunque uno no quiera y tenga miedo, y quiera salir corriendo y quedarse, y todo junto.
Y si quieres vete, pero quédate conmigo.
Que quiero salir corriendo, pero que sea contigo.
lunes, 26 de septiembre de 2016
Ya no quiero más canallas
He de confesar que me han gustado "los canallas". Macarras. Chulos. Sobraos. Vamos, los gilipollas. Me han atraído mucho últimamente, y a lo mejor simplemente era una pulsión inconsciente para evitar enamorarme, sentir, entregarme del todo. Porque hay gente que no puede dar el corazón, porque es incapaz, porque se lo han arrancado y les han dejado ciegos del alma, y no valdrá de nada que nos digas que nos abramos, que no tengamos miedo, que hay que olvidar y resarcirse, que hay cosas peores, porque es verdad, pero también te aseguro que podían haber sido mejores de lo que fueron, que podían habernos dejado menos rotos, que podíamos haber acertado en lugar de protagonizar el mayor descalabro de nuestras vidas.
El mejor amigo de mi novio era un misógino, y yo le cogí tirria. Un día, hablando con mi hermana le dije que estaba harta de ese imbécil traumatizado solo porque su novia de 4 años le había dejado a un mes de casarse, poniéndole los cuernos con todos los compañeros de trabajo de él, que no era mi problema, que lo superara, que había cosas peores, ¿no?
Mi hermana me miró incrédula, negando con la cabeza y solo contestó:
- Sí debería importarte por qué es como es, y por qué. No te digo que te tenga que caer bien, pero no pierdas tu empatía, no seas tan indolente con el dolor ajeno, aunque tú pienses que lo habrías superado de otra manera, a veces, hay que ir más allá del dolor de las personas, y demostrar que tú sí comprendes su dolor, aunque no lo entiendas.
Yo me quedé algo contrariada, y no volví a insultar internamente a ese chico.
¿Y sabéis cuando dejé de querer estar con los canallas?
Cuando me vi convirtiéndome en él.
Qué de vueltas da la vida...
El mejor amigo de mi novio era un misógino, y yo le cogí tirria. Un día, hablando con mi hermana le dije que estaba harta de ese imbécil traumatizado solo porque su novia de 4 años le había dejado a un mes de casarse, poniéndole los cuernos con todos los compañeros de trabajo de él, que no era mi problema, que lo superara, que había cosas peores, ¿no?
Mi hermana me miró incrédula, negando con la cabeza y solo contestó:
- Sí debería importarte por qué es como es, y por qué. No te digo que te tenga que caer bien, pero no pierdas tu empatía, no seas tan indolente con el dolor ajeno, aunque tú pienses que lo habrías superado de otra manera, a veces, hay que ir más allá del dolor de las personas, y demostrar que tú sí comprendes su dolor, aunque no lo entiendas.
Yo me quedé algo contrariada, y no volví a insultar internamente a ese chico.
¿Y sabéis cuando dejé de querer estar con los canallas?
Cuando me vi convirtiéndome en él.
Qué de vueltas da la vida...
jueves, 22 de septiembre de 2016
Ya no me fío de nadie
Ya no me fío de nadie. O mejor dicho, de casi nadie. Aunque creo que vivir es contarnos la vida los unos y a los otros. Me encanta que me cuentes tu vida, y no lo digo con tono irónico, de verdad. Quiero saber de ti, qué te pasó en la vida, por qué estás aquí hoy, conmigo, cómo llegaste aquí, y qué heridas supuran y cuáles lograste cicatrizar.Han intentado hacerme daño tantas veces con cosas que confié o se enteraron que me he vuelto hermética, y solo cuando estoy al límite de mis fuerzas salen ciertos secretos, ocultos y tapiados a corazón sellado, y lo peor es que sé que no soy la única.
Ya no
me fío de nadie, solo de ti, tú me has hecho volver a querer desnudarme de
nuevo, sin reservas, y que salga el sol por Antequera, si te enamoras de mí, que
sea de mí entera.
sábado, 17 de septiembre de 2016
Hasta aquí hemos llegado
Hay
gente a la que invito desde aquí a comprarse una vida, mejor dicho, otra. Una
que realmente les interese, les haga aprender algo (sustancioso y con
fundamento, como diría Arguiñano) una vida en la que haya novedades, accidentes
vitales y, qué coño, un poco de emoción.
Cómo
nos gusta juzgar, cómo nos gusta destripar la supuesta vida de los otros, de
los que viven cosas diferentes a la nuestras… Y es que, que les vas a pedir a
personas que con ventitantos años, solo han tenido que enfrentarse a
vicisitudes tan dramáticas como el que les deje el novio. Ojo, que dejarlo con
el novio puede ser un drama, sí, pero sobre todo si todos tus problemas a los
que te has tenido que enfrentar en la vida, responde a esa índole emocional.
Que no me llama, que no me escribe, que no me quiere. Ay. Dios. Qué me pongo
hoy que me convine, con la alineación perfecta de mi vida, exenta de cualquier
tipo de cosa que se salga de lo normal.
Los
culebrones dan mucho morbo, una curiosidad mordaz, con las que los “grises” de
espíritu se aventuran a lanzar diagnósticos a diestro y siniestro.
Todo el
atrevimiento que no tienen en su rutina diaria, sale a presión contra los
demás.
No les
deseo nada malo, la verdad, solo les deseo vida, de la buena, de la que te
arrastra por el camino, y, o acaba contigo, o te enseña.
Yo me
deseo, paciencia, que ya estoy muy enseñada.
martes, 13 de septiembre de 2016
Querida futura hija
Querida
futura hija:
Lo primero
que he pensado al saber que estás de camino ha sido en escoger un nombre para ti.
En realidad siempre he sabido que a mi primera hija la llamaría así, Valeria. Querida
Valeria, no puedo ponerte otro nombre, me encanta su significado, y creo que te
pertenece desde que supe que quería ser mamá algún día. Querida hija, tengo
miedo y felicidad a partes iguales, miedo porque va a ser mi primera vez como
debutante en esto de la maternidad y tengo miedo a no saber hacerlo como tú
mereces en cada momento, equivocarme, no estar a la altura…
También
me da miedo el día que llegues, que tú sepas nacer, y que yo sepa darte a luz,
que ninguna de las dos se ponga nerviosa, saber transmitirte que todo irá bien
y arroparte como tú necesitarás al aterrizar en este mundo, nuevo para ti.
Sé que
papá va a estar a nuestro lado y que nos va a acompañar en esta nueva aventura,
cuando escuches que alguien trata de tranquilizarme y me llama por mi nombre
acortado, Jessi, ten por seguro que será él, que estará llorando sin saber si
abrazarte a ti o a mí, o a las dos. Tu padre no llora mucho, pero ese día sé
que lo hará y que de alguna manera, también tengo que hacerle pensar que estoy
tranquila y me siento fuerte. Es un hombre grande y corpulento, pero tiene el
corazón suave y blandito cuando de alguien que quiere se trata. Vas a ser su
princesa y va a querer protegerte del mundo exterior, yo también, pero quiero
que tengas la oportunidad de equivocarte de ven en cuando, no quiero pecar de
sobreprotectora, ni obsesionarme con tu vida, quiero que seas mía, pero tuya
también, no quiero acapararte con mi ansia de madre miedosa. Quiero hacerte
creer que ser mujer no es motivo para tener temor ni retraerse, que no hay que
ser temerario, pero tampoco pasarse de prudente.
Vive, mi amor, vive, aunque sea con cuidado. Y ven cuanto antes, que te estamos esperando, y sin pecar de exagerada, te responderé a la pregunta, que sé que te estás haciendo, te va a gustar preguntar como a tu madre, lo sé… Te esperamos desde que tú padre y yo somos "nosotros"
, y sabíamos que juntos podíamos crear a alguien como tú.Vive, mi amor, vive, aunque sea con cuidado. Y ven cuanto antes, que te estamos esperando, y sin pecar de exagerada, te responderé a la pregunta, que sé que te estás haciendo, te va a gustar preguntar como a tu madre, lo sé… Te esperamos desde que tú padre y yo somos "nosotros"
Bienvenida,
Valeria.
Te quiere,
Mamá.
viernes, 9 de septiembre de 2016
¿Cómo amar a una Bailarina?
Ese día estaba más nerviosa que de costumbre.
Era como si necesitara que alguien me reconfortara un poco.
Las bailarinas a veces también necesitamos algo de respaldo.
- Pero bueno, tú lo necesitas- me dice la gente- si estás harta de subirte al escenario.
Yo sonrío enseñando los dientes.
Ese día solo estaba él.
En medio de tanta gente, estaba él, que no me conocía de nada.
Y antes de subirme al escenario me dio la mano, me la apretó y me dijo que no me preocupara de nada, y es que solo las almas sensibles saben llegar al corazón fuerte y frágil de una bailarina, a veces con la entereza de un águila, y a veces, con la tibieza de un colibrí.
Me besó los ojos con su mirada y mientras bailaba vi como me miraba, contagiándome de su fuerza. dando tierra a mis rodillas temblonas de aquel día, regalando aire a mis brazos plomizos de aquel día.
Bajé del escenario y me abrazó.
- Lo has hecho muy bien- sonreía- y me alegro haber podido acompañarte hoy.
Y es que el Alma de una Bailarina no es para cualquiera, ni la entiende cualquiera, hay que estar muy lleno, para ser reposo de un corazón tan voluble como el de ellas, hay que ser muy generoso, para dar a quien da, hay que ser muy especial, para reconfortar a alguien, para ponerle por delante de ti y tomar la mano y decir: venga.
Nos despedimos con un beso.
Aún le sigo buscando entre bambalinas cuando me subo a las tablas, ojalá esté cerca mirándome, ojalá nunca se vaya del todo, ojalá nunca piense que no me hace falta, que puedo sola, aunque pueda, ojalá nunca se piense que es imprescindible.
Era como si necesitara que alguien me reconfortara un poco.
Las bailarinas a veces también necesitamos algo de respaldo.
- Pero bueno, tú lo necesitas- me dice la gente- si estás harta de subirte al escenario.
Yo sonrío enseñando los dientes.
Ese día solo estaba él.
En medio de tanta gente, estaba él, que no me conocía de nada.
Y antes de subirme al escenario me dio la mano, me la apretó y me dijo que no me preocupara de nada, y es que solo las almas sensibles saben llegar al corazón fuerte y frágil de una bailarina, a veces con la entereza de un águila, y a veces, con la tibieza de un colibrí.
Me besó los ojos con su mirada y mientras bailaba vi como me miraba, contagiándome de su fuerza. dando tierra a mis rodillas temblonas de aquel día, regalando aire a mis brazos plomizos de aquel día.
Bajé del escenario y me abrazó.
- Lo has hecho muy bien- sonreía- y me alegro haber podido acompañarte hoy.
Y es que el Alma de una Bailarina no es para cualquiera, ni la entiende cualquiera, hay que estar muy lleno, para ser reposo de un corazón tan voluble como el de ellas, hay que ser muy generoso, para dar a quien da, hay que ser muy especial, para reconfortar a alguien, para ponerle por delante de ti y tomar la mano y decir: venga.
Nos despedimos con un beso.
Aún le sigo buscando entre bambalinas cuando me subo a las tablas, ojalá esté cerca mirándome, ojalá nunca se vaya del todo, ojalá nunca piense que no me hace falta, que puedo sola, aunque pueda, ojalá nunca se piense que es imprescindible.
miércoles, 7 de septiembre de 2016
Voy a quemar mi vestido de novia
Voy a quemar mi vestido de novia, ya he comprado hoy todo lo necesario.
Cerillas, gasolina y ganas.
No sabes lo que necesitaba que esto saliera bien. No por ti, sino por mí. Mi historial sentimental es un cementerio inhabitable, o han huido o les he echado a patadas y sin mirar atrás, porque nunca miro atrás.
Vale, igual no tenía que haberme comprado nunca el dichoso vestido, pero, coño, ¿y todas las conversaciones, los secretos, las confesiones, los besos, la intimidad que ha solapado nuestras pieles haciéndonos casi uno? ¿Osea que me he hecho sola "todo el lío"? ¿Esto no iba a ningún lado? Vale, empiezo a captarlo...
Después de meses me dice que no puede, que no quiere, que le duele, que ahora no, que en este momento no, que ya luego, que si eso otro día...
Me he convertido en una copia mala de Bridget Jones, comprando helado barato del Burger King y leyendo todos los libros sobre amor que se han editado, me he sacado un máster en psicología masculina, sus miedos, sus posibles traumas y demás reacciones adversas.
He comprado el vestido de novia antes de que me hayan pedido matrimonio, pero lo peor de todo, lo que de verdad me me escama, es que lo he comprado antes de haber recibido una proposición sincera de amor. Y me he quedado con el banquete y la reserva pingando de un hilo, y el final cosido en torno a puntos suspensivos.
¿Y si vuelve? Que le jodan, si vuelve que me compre un vestido nuevo, como Dios manda, pero este lo quemo, en aquelarre y bailaré alrededor de las llamas como poseída de despecho y amor.
A veces pienso que me he vuelto loca, menos mal que solo sabréis si esta historia es cierta, si veis llamaradas, tan hipnóticas y enfermizas como ese amor, ese amor con su cualidad más noble, ese amor que no sirve para nada, pero vale para todo un incendio y que arda todo en su calor.
Cerillas, gasolina y ganas.
No sabes lo que necesitaba que esto saliera bien. No por ti, sino por mí. Mi historial sentimental es un cementerio inhabitable, o han huido o les he echado a patadas y sin mirar atrás, porque nunca miro atrás.
Vale, igual no tenía que haberme comprado nunca el dichoso vestido, pero, coño, ¿y todas las conversaciones, los secretos, las confesiones, los besos, la intimidad que ha solapado nuestras pieles haciéndonos casi uno? ¿Osea que me he hecho sola "todo el lío"? ¿Esto no iba a ningún lado? Vale, empiezo a captarlo...
Después de meses me dice que no puede, que no quiere, que le duele, que ahora no, que en este momento no, que ya luego, que si eso otro día...
Me he convertido en una copia mala de Bridget Jones, comprando helado barato del Burger King y leyendo todos los libros sobre amor que se han editado, me he sacado un máster en psicología masculina, sus miedos, sus posibles traumas y demás reacciones adversas.
He comprado el vestido de novia antes de que me hayan pedido matrimonio, pero lo peor de todo, lo que de verdad me me escama, es que lo he comprado antes de haber recibido una proposición sincera de amor. Y me he quedado con el banquete y la reserva pingando de un hilo, y el final cosido en torno a puntos suspensivos.
¿Y si vuelve? Que le jodan, si vuelve que me compre un vestido nuevo, como Dios manda, pero este lo quemo, en aquelarre y bailaré alrededor de las llamas como poseída de despecho y amor.
A veces pienso que me he vuelto loca, menos mal que solo sabréis si esta historia es cierta, si veis llamaradas, tan hipnóticas y enfermizas como ese amor, ese amor con su cualidad más noble, ese amor que no sirve para nada, pero vale para todo un incendio y que arda todo en su calor.
martes, 6 de septiembre de 2016
No fuerces
Todo lo
que merece la pena, se logra a base de esfuerzo. Madre mía. Menuda trola nos
han colado. Nos han hecho pensar que si no te dejas los cuernos en una empresa,
tal vez no sea para tanto. Esfuérzate, lucha, suda, camina o revienta. Y así con
todo. También con el amor. Todo lo sea por conseguir estar con alguien que nos
ignora, que no nos da nuestro lugar, que nos infravalora, a quien le damos
igual. Venga- piensas- un poco más de esfuerzo, y cae en mis redes, con
paciencia, con actitud, luchando, que todo vale en el amor y en la guerra.
Total, te repites mentalmente, todo lo que es duro de conseguir, merece la
pena.
Y así,
justificas a esa persona cuando escribes y no te contesta, cuando tienes un
problema real y está ausente, en sus cosas, cuando lloras y no ve tus lágrimas
ni teniéndote enfrente…
Piensas
que estás perseverando cuando en realidad estás siendo muy plasta, y crees que
estás destilando comprensión, cuando lo que estás siendo es gilipollas. Que no
te lo dice nadie, pero ya te lo digo yo.
He
aprendido que el amor no se brinda, y que tampoco hay que desperdiciarlo con
gente que no sepa apreciarlo, porque el amor a esa gente no les sirve para
nada, no les sirve para pagar la hipoteca, ni el coche, ni siquiera para
sentir, el amor para esa gete es un producto más, que puede darles cualquiera
que no seas tú, y sin complicaciones.
Con los
años me he dado cuenta, de que el amor no vale la pena, sino la alegría, y que
todo lo que no fluya, no está hecho para estar en mi vida, que quien venga,
vendrá resbalando por todos los recovecos del día a día, casi haciéndome
cosquillas, y me hará reír, con esa verdad que solo te da el amor.
lunes, 29 de agosto de 2016
Eres una guarra
Esta mañana he ido a sacar a mi perro, bueno, perrito, este
último detalle, es importante.
De repente he empezado a escuchar unos gritos procedentes del
piso de al lado, del bajo. Creo que es un local social del edificio que está
destinado a celebraciones, fiestas y demás entramado. A lo que voy, conozco ese
tipo de gritos… Dios mío, una vez que alguien hace que entren dentro de ti, ya
es muy difícil que salgan de tus entrañas, parece que se han ido, pero cuando
vuelves a escucharlos, algo vuelve a ti, como un puñal certero y cabrón, directamente al pecho, a abrirte por donde te partieron alguna vez, mientras
veía que los jardineros y vecinos entraban y salían del edificio sin
inmutarse, yo me he quedado bloqueada delante de donde oía los gritos.
- - Eso… llama al 062 anda…- bramaba él- que eres
una guarra, que no te lavas, cerda, que eres una mierda de mujer, una mujer
siempre tiene que oler bien e ir aseada para su marido y tú eres una guarra,
tranquila, que no te voy a pegar, no te voy a pegar- sentenciaba él en tono
burlón.
Había tanta agresividad en sus gritos, en sus palabras, que me sonaba hiriente ese: “Tranquila, que no te voy a pegar”. Hoy no la iba a pegar, porque estaban en un rellano público, seguramente, pero el miedo que sentía la mujer de la que a veces salía un hilillo de voz cuando él la ordenaba que hablase, me decía que con ella, ya se le había "ido la mano" alguna vez.
Yo seguía petrificada escuchando el monólogo del hombre y en
un momento me sentí fuerte y espeté: - “Bueno, ya vale, ¿no?
-
Anda, mira la otra, que ya vale, dice…-
balbuceaba él, mientras yo temblaba, de miedo, y de valentía, miré a mi perro,
tan pequeño y pensé, si ese hombre la emprende conmigo nos va tocar correr,
amigo.
Vino un chico joven por la acera y le hice gestos, para que
escuchara, para que me ayudara, para que intercediera, para sentirme algo más
respaldada, pero pasó de largo.
Me quedé parada hasta que escuché que él hombre ya estaba en
silencio, y luego me regañé y felicité a mí misma a partes iguales, me regañé porque había puesto una vez más, mi integridad en tela de juicio, aunque justificadamente bajo mis preceptos morales.
Porque sé que no puedo dejar pasar ciertas situaciones,
porque no puedo mirar a otro lado, y que me resbale, aunque me paralicen y saquen
los peores fantasmas de mí misma, esos gritos parecen siempre que salen del epicentro del mismo infierno, aunque sean capaces de helarte hasta la sangre de las venas, y no, tal vez pude haberlo hecho mejor, o haber pasado, pero hice lo que me permitió el cuerpo en ese momento, que bastante hizo paralizado ante ese incisivo miedo, que solo conmina a correr sin parar, hasta que las piernas te muerdan el alma.
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jueves, 25 de agosto de 2016
No me envíes más frases
Estoy
cansada de ver cómo la gente pone estados de whatsapp o imágenes con frases de
autoayuda.
Qué
hipocresía. Tanta sentencia. Tanto: vive tu vida, persigue tus sueños, no dejes
de soñar, vive cada día como si fuese el último. Pamplinas. Mejor poned: No
salgas de tu zona de confort, no te arriesgues, no te abras, no pruebes cosas
nuevas, no, no, no… Así, al menos serías congruentes en base a las vidas grises
que lleváis. Nadie salta a la piscina, nos estamos acostumbrando a hacer un
estudio de mercado antes de meternos en una relación, unos estudios, una casa,
un hijo, pensar antes de vivir. Esa es la crisis que más me preocupa, la
económica también, ojo, que nadie me malinterprete, pero cada vez creo que
apostamos menos por la expontaneidad y la frescura, son valores que no están al
alza, en cambio, invertimos en introspección, cerrazón emocional, miedos y poco
margen al perdón, al sincero, al que te arde el alma cuando concedes, pero
también te libera, la verdadera crisis nos ha tatuado un “no” en la frente y un
interrogante sobre los hombros.
Si me
vas a mandar otra frase evocadora, por favor, que sea algo que el primero que
lo lleve a cabo seas tú.
A
partir de hoy, solo pido algo tan simple y tan complicado como la congruencia.
Qué atrevida soy, por cierto, ¡qué cosas me da por pedir!
lunes, 15 de agosto de 2016
Tengo miedo a morirme
Tengo miedo a morirme.
Así de claro.
Tengo un miedo a morirme que me muero.
Porque la gente piensa que lo que no haces hoy, lo puedes hacer mañana. O no. Quién sabe.
Nadie tiene asegurada la hoja de ruta. "Hay más días que judías, tía", me dice una amiga, para explicarme que si no nos vemos hoy no pasa nada, o mañana, o pasado, si total, no nos vamos a morir nunca, no va a surgir nada, el mundo es una línea recta sin grandes cambios.
Desde que a mi padre le detectaron el cáncer no puedo pensar en que hay más días que judías, porque cada día que pasaba sin una mala noticia, era una victoria. Por eso no entiendo cuando me dices que si no pasa hoy, ya pasará mañana, por eso me cuesta tanto ser condescendiente con esa gente que parece que no se entera de lo efímera que puede llegar a ser la existencia.
Nos hemos vuelto unos cobardes, unos cómodos y unos prepotentes, y no, a raíz de eso, no me puse a vivir la vida con locura y desenfreno, pero es que creo, que no hay mayor temeridad, que pensar que hay más días que judías, y que al final te toque tomarte las alubias pasadas y podridas, y te lleves la mayor intoxicación de tu vida, la del tiempo caducado.
Así de claro.
Tengo un miedo a morirme que me muero.
Porque la gente piensa que lo que no haces hoy, lo puedes hacer mañana. O no. Quién sabe.
Nadie tiene asegurada la hoja de ruta. "Hay más días que judías, tía", me dice una amiga, para explicarme que si no nos vemos hoy no pasa nada, o mañana, o pasado, si total, no nos vamos a morir nunca, no va a surgir nada, el mundo es una línea recta sin grandes cambios.
Desde que a mi padre le detectaron el cáncer no puedo pensar en que hay más días que judías, porque cada día que pasaba sin una mala noticia, era una victoria. Por eso no entiendo cuando me dices que si no pasa hoy, ya pasará mañana, por eso me cuesta tanto ser condescendiente con esa gente que parece que no se entera de lo efímera que puede llegar a ser la existencia.
Nos hemos vuelto unos cobardes, unos cómodos y unos prepotentes, y no, a raíz de eso, no me puse a vivir la vida con locura y desenfreno, pero es que creo, que no hay mayor temeridad, que pensar que hay más días que judías, y que al final te toque tomarte las alubias pasadas y podridas, y te lleves la mayor intoxicación de tu vida, la del tiempo caducado.
viernes, 5 de agosto de 2016
¿Eres feliz?
Todas las expectativas de vida que me forjé, se me han desmoronado.
Qué duro sentirse así, ¿verdad? Pues creo que así se acostumbra a vivir mucha gente, con ese quemazón en el pecho, amainado por una cotidianidad que nos templa un poco el alma. Te vas a ver qué ves en el Zara, en el Primark, a ver tiendas que te anestesien un poco las ganas de huir.
¿Qué trapito te has comprado para enmudecer tu realidad, tu desazón, esa frustración taimada que arrastra tu sonrisa dolorida?
Veo gente que está con gente por no estar sola, parejas donde la máxima pasión compartida es el degustar alguna bebida espiritosa que "les dé vidilla", a ver si la cerveza que bebes, o ese pelotazo de fin de semana, te dan ese remanso que la realidad no te posibilita.
Y para qué vas a cambiar el rumbo, ya te has acostumbrado a lo que tienes, que "oyes", que al menos tienes algo, a estas alturas pa' que complicarse la vida, para que intentar dar el campanazo y que todo el mundo sepa algo que tratas de disimular, que eres totalmente infeliz, menos mal, que aún te quedan esos pequeños placeres cotidianos, una copita de vino al final del día, una discusión de vez en cuando para arreglar el día, y mientras tanto, te preguntas, cómo sería tu vida si fueses algo más valiente, si tuvieses arrestos para cortar por lo sano, decirle adiós a ese compañero de piso al que llamas "pareja", y que hablen, y que digan, y que pienses que has caído en la locura, pero merece la pena, te lo juro, la locura sana muchas veces, que la cordura patológica y castradora.
Qué duro sentirse así, ¿verdad? Pues creo que así se acostumbra a vivir mucha gente, con ese quemazón en el pecho, amainado por una cotidianidad que nos templa un poco el alma. Te vas a ver qué ves en el Zara, en el Primark, a ver tiendas que te anestesien un poco las ganas de huir.
¿Qué trapito te has comprado para enmudecer tu realidad, tu desazón, esa frustración taimada que arrastra tu sonrisa dolorida?
Veo gente que está con gente por no estar sola, parejas donde la máxima pasión compartida es el degustar alguna bebida espiritosa que "les dé vidilla", a ver si la cerveza que bebes, o ese pelotazo de fin de semana, te dan ese remanso que la realidad no te posibilita.
Y para qué vas a cambiar el rumbo, ya te has acostumbrado a lo que tienes, que "oyes", que al menos tienes algo, a estas alturas pa' que complicarse la vida, para que intentar dar el campanazo y que todo el mundo sepa algo que tratas de disimular, que eres totalmente infeliz, menos mal, que aún te quedan esos pequeños placeres cotidianos, una copita de vino al final del día, una discusión de vez en cuando para arreglar el día, y mientras tanto, te preguntas, cómo sería tu vida si fueses algo más valiente, si tuvieses arrestos para cortar por lo sano, decirle adiós a ese compañero de piso al que llamas "pareja", y que hablen, y que digan, y que pienses que has caído en la locura, pero merece la pena, te lo juro, la locura sana muchas veces, que la cordura patológica y castradora.
miércoles, 27 de julio de 2016
Mi 4,95 en Lengua y Literatura
No sé a cuento de qué, me estoy acordando de una profesora que tuve en primero de bachillerato, todavía me sé su nombre completo, y "enseñaba" Lengua y Literatura, mi favorita junto al Inglés.
Bueno, que me enrollo, todos los exámenes, esta afable mujer, "suspendía" mis exámenes con un 4,9.
TODOS.
Yo iba a las revisiones y para más inri solo conseguía que me bajara la nota. Todo estaba según ella bien, pero, no como ella lo quería...
Total, que yo cada vez me sentía mas frustrada, el último examen fue decisivo como golpe final.
Un 4,95...
Era el global y yo pensé que me había estando tocando las narices todo el año pero que en este instante, sería benevolente y me aprobaría.
Craso error.
Sonreía amargamente mientras me decía que ella no podía hacer nada por mí, que eran 5 centésimas, que igual si hubiera sido un 4,99, podría haber hecho la lista gorda.
Me suspendió y la dije que yo estudiaría algún día Periodismo, y que la llevaría mis futuras notas, que me estaba poniendo la zancadilla en una asignatura para mí donde más motivada me sentía, devoraba libros, periódicos, corregía en clase...
- Eres una prepotente, Jessica, y sí, espero tus notas, a ver si es verdad que llegan al notable.
Roja de ira me di la media vuelta, terminé el bachiller y destaqué en esa asignatura, un 9 en selectividad, y mismas notas en la carrera.
Pero no volví a enseñarle las notas, ya había demostrado todo a la persona que más me importaba, a mí misma. Los desprecios me hicieron envalentonarme, una vez más.
Bueno, que me enrollo, todos los exámenes, esta afable mujer, "suspendía" mis exámenes con un 4,9.
TODOS.
Yo iba a las revisiones y para más inri solo conseguía que me bajara la nota. Todo estaba según ella bien, pero, no como ella lo quería...
Total, que yo cada vez me sentía mas frustrada, el último examen fue decisivo como golpe final.
Un 4,95...
Era el global y yo pensé que me había estando tocando las narices todo el año pero que en este instante, sería benevolente y me aprobaría.
Craso error.
Sonreía amargamente mientras me decía que ella no podía hacer nada por mí, que eran 5 centésimas, que igual si hubiera sido un 4,99, podría haber hecho la lista gorda.
Me suspendió y la dije que yo estudiaría algún día Periodismo, y que la llevaría mis futuras notas, que me estaba poniendo la zancadilla en una asignatura para mí donde más motivada me sentía, devoraba libros, periódicos, corregía en clase...
- Eres una prepotente, Jessica, y sí, espero tus notas, a ver si es verdad que llegan al notable.
Roja de ira me di la media vuelta, terminé el bachiller y destaqué en esa asignatura, un 9 en selectividad, y mismas notas en la carrera.
Pero no volví a enseñarle las notas, ya había demostrado todo a la persona que más me importaba, a mí misma. Los desprecios me hicieron envalentonarme, una vez más.
martes, 19 de julio de 2016
Quiero hacerte el amor
Llámame loca, pero el influjo de la luna hoy manda en mí, quiero hacerte el amor, o que me lo hagas, no lo sé, o que nos lo hagamos, que comas la boca en medio del cerro boscoso, que encuentres en mis recovecos mil pliegues llenos de secretos y cosquillas, y que me quites la vergüenzas a bocanás de aire, de tus labios a los míos, espera a que los niños se acuesten y no digas nada, agarra mi mano y llévame lejos,
Recuérdame por qué llevamos tantos años, recuérdame por qué tú eres el padre de mis hijos, recuérdame quién era yo cuando te enamoraste de mí, y porque aún sigues enganchado a mi piel, ya no tan tersa, no tan lisa, no tan inmaculada, y hazme un "chupetón" en el cuello, que mañana tenga que tapar con un pañuelo, en pleno julio. Muérdeme y abrázame. Todo junto.
- Calla, calla-que nos van a oír- me instas mientras tú también te mueres de risa, me tapas la boca y te muerdo los dedos.
- Que ya no somos dos jovenzuelos, mujer.
Y de repente, en una maniobra mal ejecutada nos caemos de la cama.
- Ay, mi lumbago- la risa se nos escapa por los costados doloridos. En qué momento se nos ha ocurrido hacer algo tan arriesgado hoy en día como hacer el amor, qué irresponsables, aquí en el suelo, enmarañados nuestros cuerpos, con la sábana de cómplice, y la rutina del día a día, de testigo. Qué bueno liarse la manta a la cabeza.
De vez en cuando.
Recuérdame por qué llevamos tantos años, recuérdame por qué tú eres el padre de mis hijos, recuérdame quién era yo cuando te enamoraste de mí, y porque aún sigues enganchado a mi piel, ya no tan tersa, no tan lisa, no tan inmaculada, y hazme un "chupetón" en el cuello, que mañana tenga que tapar con un pañuelo, en pleno julio. Muérdeme y abrázame. Todo junto.
- Calla, calla-que nos van a oír- me instas mientras tú también te mueres de risa, me tapas la boca y te muerdo los dedos.
- Que ya no somos dos jovenzuelos, mujer.
Y de repente, en una maniobra mal ejecutada nos caemos de la cama.
- Ay, mi lumbago- la risa se nos escapa por los costados doloridos. En qué momento se nos ha ocurrido hacer algo tan arriesgado hoy en día como hacer el amor, qué irresponsables, aquí en el suelo, enmarañados nuestros cuerpos, con la sábana de cómplice, y la rutina del día a día, de testigo. Qué bueno liarse la manta a la cabeza.
De vez en cuando.
jueves, 14 de julio de 2016
Una vez más: Manopuntura Coreana
Ayer estuve con una amiga, la cual comenzó a sufrir de un momento a otro, fuertes dolores que casi la dejaron al borde de la rigidez y del colapso, empezó a sentir gran dolor en la zona ovárica y su rostro se transformó en palidez y hieratismo, me asusté pero me acordé de qué hiciste tú conmigo cuando me pasó a mí: pensé en ponerle las agujas, lo mucho que aprendí sin saberlo sobre los meridianos de la mano, y cómo a veces un dolor punzante y certero, puede ser sanador, cómo el dolor saca el dolor, y que el "veneno" se convierte en el mejor antídoto.
Busqué una aguja fina, y la comenté la posibilidad de mitigar el dolor mediante esa técnica, me miró al principio con algo de confusión, pero luego confió, imagino que cualquier cosa era mejor que ese dolor que casi la transmutaba, que la estaba quemando la expresión de la cara.
Cogí la palma de su mano, y recordé mentalmente el punto exacto, y presioné con la aguja, aliviando casi de inmediato el dolor más interno.
Poco a poco fue mermando el punzante dolor del vientre, recuperó el pulso relajado y la respiración volvió a ser pausada.
Me sentí conectada con ella, conmigo, y cómo no, contigo, que fuiste quién me enseñaste a paliar el dolor, del cuerpo y del alma.
Me sentí en deuda contigo una vez más, por ser maestro de tantas cosas.
Y de decirte que sí, que estuve a punto de escribirte, pero algo afilado atravesó mi corazón, esta vez, fue un alfiler de, igual ya fue, igual, escribir un agradecimiento sea más molesto que otra cosa, no querer molestarte, no querer ser, desaparecer, quedarme en silencio y esperar a que de nuevo, leas esto, y sea mi escondida manera de decirte que te quiero, y que aunque ya no te espero, te doy las gracias por todo,
y por tanto.
Busqué una aguja fina, y la comenté la posibilidad de mitigar el dolor mediante esa técnica, me miró al principio con algo de confusión, pero luego confió, imagino que cualquier cosa era mejor que ese dolor que casi la transmutaba, que la estaba quemando la expresión de la cara.
Cogí la palma de su mano, y recordé mentalmente el punto exacto, y presioné con la aguja, aliviando casi de inmediato el dolor más interno.
Poco a poco fue mermando el punzante dolor del vientre, recuperó el pulso relajado y la respiración volvió a ser pausada.
Me sentí conectada con ella, conmigo, y cómo no, contigo, que fuiste quién me enseñaste a paliar el dolor, del cuerpo y del alma.
Me sentí en deuda contigo una vez más, por ser maestro de tantas cosas.
Y de decirte que sí, que estuve a punto de escribirte, pero algo afilado atravesó mi corazón, esta vez, fue un alfiler de, igual ya fue, igual, escribir un agradecimiento sea más molesto que otra cosa, no querer molestarte, no querer ser, desaparecer, quedarme en silencio y esperar a que de nuevo, leas esto, y sea mi escondida manera de decirte que te quiero, y que aunque ya no te espero, te doy las gracias por todo,
y por tanto.
martes, 28 de junio de 2016
Furia Inca
Cuando mi padre, que es peruano, estuvo luchando contra el cáncer, un conocido le regaló un libro que se llamaba: "Furia Azteca".
- Para que te dé fuerza- le dijo
Yo cerré los ojos adivinando lo que iba a pasar...
- Gracias, dijo mi padre sonriendo, con la poca fuerza que tenía en ese momento, ¡pero yo soy Inca!
En definitiva, he aprendido que el sentido del humor jamás hay que perderlo, que es el arma más potente para alcanzar la ponderada: resiliencia, evolucionar y hacerse invencible.
Porque nos pueden intentar o conseguir arrebatar todo, pero la actitud de ganador o perdedor, inclinará las fuerzas en el combate.
Mi padre jamás leyó aquel libro, pero aquel t´titulo hizo su papel, sirvió para que mi padre entendiera, que con la tristeza pocas veces se consiguen las cosas, porque nos roba energía, cambió ese sentimiento por otro más potente si sabes canalizarlo correctamente, un poquito, de furia.
- Para que te dé fuerza- le dijo
Yo cerré los ojos adivinando lo que iba a pasar...
- Gracias, dijo mi padre sonriendo, con la poca fuerza que tenía en ese momento, ¡pero yo soy Inca!
En definitiva, he aprendido que el sentido del humor jamás hay que perderlo, que es el arma más potente para alcanzar la ponderada: resiliencia, evolucionar y hacerse invencible.
Porque nos pueden intentar o conseguir arrebatar todo, pero la actitud de ganador o perdedor, inclinará las fuerzas en el combate.
Mi padre jamás leyó aquel libro, pero aquel t´titulo hizo su papel, sirvió para que mi padre entendiera, que con la tristeza pocas veces se consiguen las cosas, porque nos roba energía, cambió ese sentimiento por otro más potente si sabes canalizarlo correctamente, un poquito, de furia.
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martes, 14 de junio de 2016
Cuando coges mi mano
No pongo fotos con mi pareja nunca.
No me gusta. Siempre me ha parecido algo íntimo que ahora parece proliferar con esto de las redes sociales, que nos encierran cada día más detrás del escudo de las pantallas.
Me gusta esta foto porque no solo "estamos", sino que "somos" tú y yo, juntos, sonriendo, enlazados, cómplices, con ganas de darnos el uno al otro, de contárnoslo todo, de reírnos del mundo, de compartirnos, rebasar el límite epitelial del otro.
Esta foto somos tú y yo, haciendo amor.
domingo, 12 de junio de 2016
Cambiando...
Yo era un miura. Me han hecho tanto daño que antes de caer, derribaba, antes de que me mordieran, atacaba, antes de parecer débil, "me comía a Dios por los pies", que se dice...
Estoy de reformas, remodelándome, y no, no es un eslogan de marca sueca, pero casi. A nivel personal es el mismo trabajo que cuando compras un mueble en Ikea y lo intentas montar, SOLO.
Pamplinas...
Creedme.
De nada sirve poner la tirita antes de que haya una herida, de nada sirve dar donde sabes que noquearás para evitar que te desbanque alguna flecha malintencionada de cupido...
Estoy de reformas, remodelándome, y no, no es un eslogan de marca sueca, pero casi. A nivel personal es el mismo trabajo que cuando compras un mueble en Ikea y lo intentas montar, SOLO.
No quiero ser un miura nunca más, no quiero ser un toro desbocado buscando yugulares para evitar perder, porque así no he ganado nunca, sino que he perdido personas que necesitaban algo de paciencia, cariño, y amor. El problema era que siempre pensaba que yo lo necesitaba más por todo lo que cargaba en mi mochila vital, pero, aunque así fuera de alguna manera, y por mucha ira y rabia que albergara en mi interior, me ha sido necesario entender que cada uno tiene sus propios demonios y guerras internas, luchas mayores o menores, pero igual de reseñables e igual de válidas.
Un día aparece alguien que te hace entender que ser una mala bestia no mitiga los dolores internos, solo los disfraza, y si lees esto quiero darte las gracias por haberme hecho sentir de nuevo, y hacerme ver, que ser vulnerable, débil, o estar muerto de miedo, puede ser positivo, y sobrecogedor.
En definitiva:
En definitiva:
domingo, 5 de junio de 2016
Mándale al carajo, nena
Ayer me llamó una chica diciéndome que era Susana, la novia de un chico con el que estuve algún tiempo.
Sabía que era ella cuando vi su primera llamada (que no pude atender) y vi su foto de perfil, los ojos, el pelo, la piel, igual que la foto que él había colgado de los dos después de dejarme sin explicación alguna.
Me escribió y me dijo que lo sentía que se había equivocado y la dije que las dos sabíamos que eso no había sido una acción fortuita, que las dos sabíamos quiénes éramos...
Se quitó la armadura y me llamó, llorando, hipando, deshecha, y qué queréis que os diga, no fui capaz de verla como una rival, tampoco he sentido como contrincante a una mujer nunca, pero me llegó, porque me contó su historia, quedándose desnuda ante mí, ante una persona que lloró cuando Carlos volvió con ella, dejándome a mí, y en lugar de servirle la venganza en plato frío, le escuché durante hora y media, de quejidos e hiperventilación.
Me contó que llevaba cinco años con Carlos y que había descubierto que le había sido infiel con unas cuantas chicas, gracias a Dios, o no sé ni cómo explicarlo, conmigo estuvo en un tiempo que se dieron en un momento de relación, pero quería cerciorarse si yo efectivamente había estado con él en ese impasse que se habían dado o era una más de la lista que la había coronado con la cornamenta del año.
Más que nada escuché, le dejé hablar, desahogarse y llorar.
-"¿Y qué hago ahora, después de 5 años juntos?" Preguntó entre lágrimas.
- "Susana, piensa en ti, solo tienes 24 años y no mereces este tipo de humillaciones, y por lo que me has contado, te ha pasado factura a la salud..."- respondí
No fui capaz de decirle la frase que le diría si fuese mi amiga y supiera que la frase no iba a desestabilizarla más. A una de mis filas, sin duda, le habría dicho:
"Mándale al carajo, nena".
Sin más.
Sabía que era ella cuando vi su primera llamada (que no pude atender) y vi su foto de perfil, los ojos, el pelo, la piel, igual que la foto que él había colgado de los dos después de dejarme sin explicación alguna.
Me escribió y me dijo que lo sentía que se había equivocado y la dije que las dos sabíamos que eso no había sido una acción fortuita, que las dos sabíamos quiénes éramos...
Se quitó la armadura y me llamó, llorando, hipando, deshecha, y qué queréis que os diga, no fui capaz de verla como una rival, tampoco he sentido como contrincante a una mujer nunca, pero me llegó, porque me contó su historia, quedándose desnuda ante mí, ante una persona que lloró cuando Carlos volvió con ella, dejándome a mí, y en lugar de servirle la venganza en plato frío, le escuché durante hora y media, de quejidos e hiperventilación.
Me contó que llevaba cinco años con Carlos y que había descubierto que le había sido infiel con unas cuantas chicas, gracias a Dios, o no sé ni cómo explicarlo, conmigo estuvo en un tiempo que se dieron en un momento de relación, pero quería cerciorarse si yo efectivamente había estado con él en ese impasse que se habían dado o era una más de la lista que la había coronado con la cornamenta del año.
Más que nada escuché, le dejé hablar, desahogarse y llorar.
-"¿Y qué hago ahora, después de 5 años juntos?" Preguntó entre lágrimas.
- "Susana, piensa en ti, solo tienes 24 años y no mereces este tipo de humillaciones, y por lo que me has contado, te ha pasado factura a la salud..."- respondí
No fui capaz de decirle la frase que le diría si fuese mi amiga y supiera que la frase no iba a desestabilizarla más. A una de mis filas, sin duda, le habría dicho:
"Mándale al carajo, nena".
Sin más.
jueves, 2 de junio de 2016
Soy una niña institucionalizada
Mi nombre es Naia, y estoy institucionalizada. Me ha costado mucho aprenderme esta palabra, y aún más pronunciarla, pero así es, mi realidad se parece mucho a lo enrevesada que suena.
Estar institucionalizada significa que tu tutela es del estado, eres un niño del estado, eres de todos, y no eres de nadie, y casi menos mal que al menos estoy aquí, porque si no, no sé qué hubiera sido de mí.
Bueno, mejor no pensarlo, que demasiado tengo que procesar: una larga trayectoria que arrastro en mi corta experiencia de vida. Solo tengo 15 años, y ni soy un bebé "adoptable", ni una niña ya apenas, ni una adulta, ni casi sé bien quién soy yo, mi identidad es un continuo otoño con ganas de primavera.
Veo más a los trabajadores sociales del centro que a mis progenitores. Disculpad que no les llame padres, pero esa palabra no la siento tan cercana. Mi madre es una señora con una problemática de vida en vías de desarrollo estancado, que viene cada tres meses a firmar un papelito y a verme.
A veces sueño, con que se le olvida venir, que se le pasa el plazo y mi historial evoluciona y llego a ser adoptada, pero no falla, sé que es su forma de quererme, pero ojalá hubiese cortado el cordón umbilical que nos unió un día hace tiempo, ojalá hubiese pensado más en mí como hija, que en ella como madre.
Ojalá lo hubiera pensado el estado antes de haberme confinado a esta cadena perpetua, donde no me falta de nada y me falta de todo, lo primordial para vivir, una familia.
Todavía no está todo perdido, aún quedan 3 años para que una familia me pueda acoger, aunque llegaré con una niñez de retraso, solo espero poder formar parte de algo en algún momento, poder dejar de ser un sujeto paciente, a ser un sujeto activo.
domingo, 22 de mayo de 2016
Autoconstrucción
Rompí todos los espejos,
y solo me quedé con el reflejo que tus ojos me devolvían de mí.
Así de simple.
Así de duro.
Perdí la perspectiva, el norte, las bridas.
Solté las riendas de mis caballos.
Dejé mi destino en manos del hado.
Y casi me esfumé de mí misma.
Te dejé el control de mi vida,
el color de mi sonrisa,
delegué en ti mi felicidad,
la dicha,
el día a día.
Y cuando curé mis heridas,
me llamaste desagradecida,
por querer echar a volar.
Y entonces,
cogí cada cristal del espejo
que un día rompí para no verme,
y lo pegué cuidadosamente.
Me gusté por primera vez,
rota y bella,
llorosa y heroica.
Y por primera vez,
volví a sonreír.
Por mí y para mí.
Rozando con cariño,
cada una de las aristas que recomponían mi ser.
y solo me quedé con el reflejo que tus ojos me devolvían de mí.
Así de simple.
Así de duro.
Perdí la perspectiva, el norte, las bridas.
Solté las riendas de mis caballos.
Dejé mi destino en manos del hado.
Y casi me esfumé de mí misma.
Te dejé el control de mi vida,
el color de mi sonrisa,
delegué en ti mi felicidad,
la dicha,
el día a día.
Y cuando curé mis heridas,
me llamaste desagradecida,
por querer echar a volar.
Y entonces,
cogí cada cristal del espejo
que un día rompí para no verme,
y lo pegué cuidadosamente.
Me gusté por primera vez,
rota y bella,
llorosa y heroica.
Y por primera vez,
volví a sonreír.
Por mí y para mí.
Rozando con cariño,
cada una de las aristas que recomponían mi ser.
miércoles, 18 de mayo de 2016
Cargado de razones
Le dio un beso cargado de razones,
y qué mejor razón hay para dar un beso.
Soñó mientras dormía,
Sintió tanta alegría,
abrazando y abrazada,
la vida le sonreía.
Sintió que esa noche,
el sol por fin salía,
mimada,
y tan cuidada,
respetada,
protegida.
Sintió la eternidad,
enlazada entre sus dedos,
rozó su corazón,
tan solo con un beso.
martes, 17 de mayo de 2016
Ahora que ya no la mira...
Se miraba sin mirarse,
mientras que alguien la miraba...
Ahora mira a quien
ya no mira,
al que antes la ojeaba
Ahora que él ya no la mira.
Ahora que no ve su mirada.
Mira que mira la vida,
Que mira cuando ya no es mirada.
Quiero que me mires de nuevo,
Sentir tus ojos como espadas,
Quiero darme la vuelta,
Para ver de nuevo tu cara.
Mira que mira la vida,
Mira que quiero mirarla,
Y cuanto más me siento a verla,
Siento que más se me escapa.
Mira que mira la vida,
Me tatuaré tu mirada,
Cuando me fotografíes de nuevo,
Y se dibujen tus ojos
En mi espalda...
mientras que alguien la miraba...
miércoles, 11 de mayo de 2016
Por qué me enamoré de ti
No tenía mucha esperanza en nada,
Hasta que te oí reír por primera vez.
Como una cascada,
Como un terremoto,
Como un tornado.
Entonces me dije:
"Esperanza es algún día volver a reírse así."
Y cuando volví a hacerlo las dos carcajadas al unísono fueron
como un ultrasonido,
purgando hasta el último rincón del alma.
Y entonces lo supe:
Me enamoré de él porque me hizo volver a enamorarme de mí misma...
Hasta que te oí reír por primera vez.
Como una cascada,
Como un terremoto,
Como un tornado.
Entonces me dije:
"Esperanza es algún día volver a reírse así."
Y cuando volví a hacerlo las dos carcajadas al unísono fueron
como un ultrasonido,
purgando hasta el último rincón del alma.
Y entonces lo supe:
Me enamoré de él porque me hizo volver a enamorarme de mí misma...
lunes, 9 de mayo de 2016
Carta abierta al amor de mi vida III (Lo último que te dije)
Si hubiera sabido que esa era la última vez que nos veríamos, te hubiese dicho la misma frase que te dije, que debió hacerte gracia por cómo me mirabas. Mientras que el aire se te atascaba por dentro, a mí se me ocurrió decirte eso para que te centraras en mi mensaje y no en tu agonía, te cogía la mano, y tú la abrazabas con la tuya, e igual eras tú quien me sostenía, aún no lo sé.
Solo sé que por más que me rebelara al destino,algo me decía que eran tus últimos días conmigo. Te decía que luchases cuando dormías, te acariciaba la frente, las mejillas y el dorso de la mano, y repetía como un mantra: "Te quiero"...
Hoy es el día en el que cumplirías un año más y recibirías las felicitaciones de todos, nos invitarías a comer como siempre hacías, nos convidarías con algo que hubieses estado preparando durante dos días, querrías que disfrutásemos más que tú incluso ese día, iríamos a comprar dulces después de comer...
Hoy sería uno de esos días donde todo se pararía, y aún sin estar tú, siento que todo se para, hoy irías a por uno más, hoy daría lo que fuese por volver a sentir el calor de tu mano, mientras cerraba los ojos.
Si supiera que es la última vez que hablamos, te volvería a decir ese juego de palabras que me regaló tu última sonrisa de complicidad, mirándome con esos ojos que me lo perdonaban todo.
Si supiera que es la última vez que hablamos te diría algo como esto:
"Sin duda tú has sido uno de los amores de mi vida, no te olvido, no lleno tu hueco con nada ni nadie, pero aquí sigo, luchando, creyendo en el amor, en el trabajo, en los abrazos que siento que me das cuando siento escalofríos mientras pienso: "no te vayas nunca".
"Yo también quiero decirte algo"- he sentido mientras escribía estas palabras:
"Nunca olvides que te quiero y piensa siempre en ti, te vi en en el Bardem bailando, ¿qué te has hecho en pelo con lo bonito que lo tienes? Ale, y ahora a dormir, que mira que te gusta liarme.
Me despido como tú me presentabas, con orgullo y con el mejor título que he obtenido en mi vida.
Por siempre jamás,
viernes, 6 de mayo de 2016
Todo aquello que no te dije (Carta abierta al amor de mi vida II)
Cuando nos dejamos nos despedimos con un beso en los labios, yo reía porque pensé que era un enfado sin importancia y poco después me fui con una amiga a tomar algo.
Vale, no me deja en muy buen lugar, pero estaba sometida a tanta presión, que no sabía discernir entre lo políticamente correcto y lo que no, quedarme mucho rato parada me frenaba hasta los latidos del corazón, me helaba la sangre. N
ecesitaba no quedarme quieta, no pensar, no llorar tan siquiera, aunque me estuvieses diciendo que me dejabas.
Si paraba, sabía que no podría continuar con el ritmo, tendría que parar toda la maquinaria, en mi cabeza se agolpaban las imágenes del hospital, mi padre tendido en la cama, el olor de la quimioterapia, el tono sepia que deja en la piel dicho veneno sanador, el pitido que me perforaba el tímpano cada 20 minutos para cambiar la medicación que pendía de un brazo metálico hacia mi padre. Si paraba, mandaría la Universidad al carajo, olvidaría que una vez intenté ser periodista, dejaría de bailar, si paraba todo se estancaría y se marchitaría, lo soltaría todo, hasta a ti.
Me dijiste que querías casarte conmigo, tener hijos, vivir juntos... todo me abrumaba tanto, que no supe contestarte un: "yo también", me quedé callada esperando que el hado resolviera la situación, pero eso lo empeoró todo, te di a entender que yo jamás querría eso contigo, que tú no eras importante, que yo no estaba preparada, tú llorabas de impotencia a no verte correspondido y yo sonreía de desolación al sentir que tú no ibas a esperarme, como yo había hecho tantas veces.

Ninguno supo, sujetar la situación y ambos soltamos la cuerda por donde el otro caminaba, yo hacia a ti, y tú hacia a mí. Fuimos tontos, pensamos que el amor podía solventarlo todo, pero no, todo lo hubieran solucionado dos palabras:
"YO TAMBIÉN".
Vale, no me deja en muy buen lugar, pero estaba sometida a tanta presión, que no sabía discernir entre lo políticamente correcto y lo que no, quedarme mucho rato parada me frenaba hasta los latidos del corazón, me helaba la sangre. N
ecesitaba no quedarme quieta, no pensar, no llorar tan siquiera, aunque me estuvieses diciendo que me dejabas.
Si paraba, sabía que no podría continuar con el ritmo, tendría que parar toda la maquinaria, en mi cabeza se agolpaban las imágenes del hospital, mi padre tendido en la cama, el olor de la quimioterapia, el tono sepia que deja en la piel dicho veneno sanador, el pitido que me perforaba el tímpano cada 20 minutos para cambiar la medicación que pendía de un brazo metálico hacia mi padre. Si paraba, mandaría la Universidad al carajo, olvidaría que una vez intenté ser periodista, dejaría de bailar, si paraba todo se estancaría y se marchitaría, lo soltaría todo, hasta a ti.
Me dijiste que querías casarte conmigo, tener hijos, vivir juntos... todo me abrumaba tanto, que no supe contestarte un: "yo también", me quedé callada esperando que el hado resolviera la situación, pero eso lo empeoró todo, te di a entender que yo jamás querría eso contigo, que tú no eras importante, que yo no estaba preparada, tú llorabas de impotencia a no verte correspondido y yo sonreía de desolación al sentir que tú no ibas a esperarme, como yo había hecho tantas veces.

Ninguno supo, sujetar la situación y ambos soltamos la cuerda por donde el otro caminaba, yo hacia a ti, y tú hacia a mí. Fuimos tontos, pensamos que el amor podía solventarlo todo, pero no, todo lo hubieran solucionado dos palabras:
"YO TAMBIÉN".
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