Llámame loca, pero el influjo de la luna hoy manda en mí, quiero hacerte el amor, o que me lo hagas, no lo sé, o que nos lo hagamos, que comas la boca en medio del cerro boscoso, que encuentres en mis recovecos mil pliegues llenos de secretos y cosquillas, y que me quites la vergüenzas a bocanás de aire, de tus labios a los míos, espera a que los niños se acuesten y no digas nada, agarra mi mano y llévame lejos,
Recuérdame por qué llevamos tantos años, recuérdame por qué tú eres el padre de mis hijos, recuérdame quién era yo cuando te enamoraste de mí, y porque aún sigues enganchado a mi piel, ya no tan tersa, no tan lisa, no tan inmaculada, y hazme un "chupetón" en el cuello, que mañana tenga que tapar con un pañuelo, en pleno julio. Muérdeme y abrázame. Todo junto.
- Calla, calla-que nos van a oír- me instas mientras tú también te mueres de risa, me tapas la boca y te muerdo los dedos.
- Que ya no somos dos jovenzuelos, mujer.
Y de repente, en una maniobra mal ejecutada nos caemos de la cama.
- Ay, mi lumbago- la risa se nos escapa por los costados doloridos. En qué momento se nos ha ocurrido hacer algo tan arriesgado hoy en día como hacer el amor, qué irresponsables, aquí en el suelo, enmarañados nuestros cuerpos, con la sábana de cómplice, y la rutina del día a día, de testigo. Qué bueno liarse la manta a la cabeza.
De vez en cuando.

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