lunes, 29 de agosto de 2016

Eres una guarra

Esta mañana he ido a sacar a mi perro, bueno, perrito, este último detalle, es importante.
De repente he empezado a escuchar unos gritos procedentes del piso de al lado, del bajo. Creo que es un local social del edificio que está destinado a celebraciones, fiestas y demás entramado. A lo que voy, conozco ese tipo de gritos… Dios mío, una vez que alguien hace que entren dentro de ti, ya es muy difícil que salgan de tus entrañas, parece que se han ido, pero cuando vuelves a escucharlos, algo vuelve a ti, como un puñal certero y cabrón, directamente al pecho, a abrirte por donde te partieron alguna vez, mientras veía que los jardineros y vecinos entraban y salían del edificio sin inmutarse, yo me he quedado bloqueada delante de donde oía los gritos.
-         - Eso… llama al 062 anda…- bramaba él- que eres una guarra, que no te lavas, cerda, que eres una mierda de mujer, una mujer siempre tiene que oler bien e ir aseada para su marido y tú eres una guarra, tranquila, que no te voy a pegar, no te voy a pegar- sentenciaba él en tono burlón.
Había tanta agresividad en sus gritos, en sus palabras, que me sonaba hiriente ese: “Tranquila, que no te voy a pegar”. Hoy no la iba a pegar, porque estaban en un rellano público, seguramente, pero el miedo que sentía la mujer de la que a veces salía un hilillo de voz cuando él la ordenaba que hablase, me decía que con ella, ya se le había "ido la mano" alguna vez. 
Yo seguía petrificada escuchando el monólogo del hombre y en un momento me sentí fuerte y espeté: - “Bueno, ya vale, ¿no?
-          Anda, mira la otra, que ya vale, dice…- balbuceaba él, mientras yo temblaba, de miedo, y de valentía, miré a mi perro, tan pequeño y pensé, si ese hombre la emprende conmigo nos va tocar correr, amigo.
Vino un chico joven por la acera y le hice gestos, para que escuchara, para que me ayudara, para que intercediera, para sentirme algo más respaldada, pero pasó de largo.
Me quedé parada hasta que escuché que él hombre ya estaba en silencio, y luego me regañé y felicité a mí misma a partes iguales, me regañé porque había puesto una vez más, mi integridad en tela de juicio, aunque justificadamente bajo mis preceptos morales.

Porque sé que no puedo dejar pasar ciertas situaciones, porque no puedo mirar a otro lado, y que me resbale, aunque me paralicen y saquen los peores fantasmas de mí misma, esos gritos parecen siempre que salen del epicentro del mismo infierno, aunque sean capaces de helarte hasta la sangre de las venas, y no, tal vez pude haberlo hecho mejor, o haber pasado, pero hice lo que me permitió el cuerpo en ese momento, que bastante hizo paralizado ante ese incisivo miedo, que solo conmina a correr sin parar, hasta que las piernas te muerdan el alma.

4 comentarios:

Unknown dijo...

Me has dejado helado.
Solo dos cosas.
Que bien que te hayas enfrentado al cabrón.
Que mal que no fuese yo el chico que pasaba por ahí.
Gracias por tu relato.

Jessica dijo...

Gracias Alfonso, siempre te queda la amarga sensación de que podrías haberlo hecho mejor, pero si es verdad que me he sentido algo paralizada en ese momento, me alegra saber que aún nos implicamos aunque "no vaya con nosotros" aparentemente, porque uno nunca sabe cuando va a necesitar que alguien desconocido le ayude en algún momento, quién sabe...
Gracias por leer.

David Arroyo dijo...

Joder, me pone de mala leche leer estas cosas, que aun haya amargados que necesiten amargar las vidas de los demás para sentirse bien, sea quien sea, y qué ganas tengo de ser testigo de alguna injusticia de esas, por leve que sea para plantarle cara. Al margen de eso, me encanta todo lo que escribes, un saludo.

Jessica dijo...

Gracias David, afortunadamente hay gente como tú, que es reacia a mirar hacia otro lado, y eso, reconforta, la verdad.
Gracias por leerme y compartir siempre que puedes. Un saludo.