viernes, 9 de septiembre de 2016

¿Cómo amar a una Bailarina?

Ese día estaba más nerviosa que de costumbre.
Era como si necesitara que alguien me reconfortara un poco.
Las bailarinas a veces también necesitamos algo de respaldo.
- Pero bueno, tú lo necesitas- me dice la gente- si estás harta de subirte al escenario.
Yo sonrío enseñando los dientes.
Ese día solo estaba él.
En medio de tanta gente, estaba él, que no me conocía de nada.
Y antes de subirme al escenario me dio la mano, me la apretó y me dijo que no me preocupara de nada, y es que solo las almas sensibles saben llegar al corazón fuerte y frágil de una bailarina, a veces con la entereza de un águila, y a veces, con la tibieza de un colibrí.
Me besó los ojos con su mirada y mientras bailaba vi como me miraba, contagiándome de su fuerza. dando tierra a mis rodillas temblonas de aquel día, regalando aire a mis brazos plomizos de aquel día.
Bajé del escenario y me abrazó.
- Lo has hecho muy bien- sonreía- y me alegro haber podido acompañarte hoy.
Y es que el Alma de una Bailarina no es para cualquiera, ni la entiende cualquiera, hay que estar muy lleno, para ser reposo de un corazón tan voluble como el de ellas, hay que ser muy generoso, para dar a quien da, hay que ser muy especial, para reconfortar a alguien, para ponerle por delante de ti y tomar la mano y decir: venga.
Nos despedimos con un beso.
Aún le sigo buscando entre bambalinas cuando me subo a las tablas, ojalá esté cerca mirándome, ojalá nunca se vaya del todo, ojalá nunca piense que no me hace falta, que puedo sola, aunque pueda, ojalá nunca se piense que es imprescindible.

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