-"Profe, ¿tú tienes mamá?"
-"Sí, cariño, tengo mamá"
Me sonrió aún más y me respondió:
- "Yo también, profe".
- "Me alegro mucho, Sofía."
Ella siguió sonriendo y a mí casi se me saltan las lágrimas, porque ellos saben qué es lo importante de la vida. Por eso yo no quiero que un "Monstruo venga a verme". No quiero. Otra vez no. A veces, se me nubla la mirada pensando en que algo así pudiera volver a pasar, y debo confesar que me cuesta no caer en la tristeza.
Voy a
ir a ver la película, aunque pueda abrir viejas heridas, viejos
sentimientos, y viejos miedos. Porque aún hoy, de vez en cuando,
lloro sin motivo, y cuando me preguntó qué me pasa, me acuerdo de
esos días, donde me daba tanto miedo que en alguna visita a la UCI,
no aguantaras más, y te apagaras. Aún a día de hoy, la palabra
cáncer, me sigue dejando sin aliento y con ganas de correr sin
rumbo, queriendo escapar de algo que no se huye ni yendo en dirección
contraria, esa espada de Damocles, que como un péndulo, te recuerda,
la fragilidad y el valor de la vida.

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