miércoles, 2 de noviembre de 2016

Yo no quiero que un "Monstruo venga a verme"

Una de mis alumnas de 4 años, me cogió  hace poco de la mano, me sonrió, y me preguntó: 
-"Profe, ¿tú tienes mamá?"
-"Sí, cariño, tengo mamá"
Me sonrió aún más y me respondió:
- "Yo también, profe".
- "Me alegro mucho, Sofía."
Ella siguió sonriendo y a mí casi se me saltan las lágrimas, porque ellos saben qué es lo importante de la vida. Por eso y
o no quiero que un "Monstruo venga a verme". No quiero. Otra vez no. A veces, se me nubla la mirada pensando en que algo así pudiera volver a pasar, y debo confesar que me cuesta no caer en la tristeza.

Voy a ir a ver la película, aunque pueda abrir viejas heridas, viejos sentimientos, y viejos miedos. Porque aún hoy, de vez en cuando, lloro sin motivo, y cuando me preguntó qué me pasa, me acuerdo de esos días, donde me daba tanto miedo que en alguna visita a la UCI, no aguantaras más, y te apagaras. Aún a día de hoy, la palabra cáncer, me sigue dejando sin aliento y con ganas de correr sin rumbo, queriendo escapar de algo que no se huye ni yendo en dirección contraria, esa espada de Damocles, que como un péndulo, te recuerda, la fragilidad y el valor de la vida.

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