Hay
gente a la que invito desde aquí a comprarse una vida, mejor dicho, otra. Una
que realmente les interese, les haga aprender algo (sustancioso y con
fundamento, como diría Arguiñano) una vida en la que haya novedades, accidentes
vitales y, qué coño, un poco de emoción.
Cómo
nos gusta juzgar, cómo nos gusta destripar la supuesta vida de los otros, de
los que viven cosas diferentes a la nuestras… Y es que, que les vas a pedir a
personas que con ventitantos años, solo han tenido que enfrentarse a
vicisitudes tan dramáticas como el que les deje el novio. Ojo, que dejarlo con
el novio puede ser un drama, sí, pero sobre todo si todos tus problemas a los
que te has tenido que enfrentar en la vida, responde a esa índole emocional.
Que no me llama, que no me escribe, que no me quiere. Ay. Dios. Qué me pongo
hoy que me convine, con la alineación perfecta de mi vida, exenta de cualquier
tipo de cosa que se salga de lo normal.
Los
culebrones dan mucho morbo, una curiosidad mordaz, con las que los “grises” de
espíritu se aventuran a lanzar diagnósticos a diestro y siniestro.
Todo el
atrevimiento que no tienen en su rutina diaria, sale a presión contra los
demás.
No les
deseo nada malo, la verdad, solo les deseo vida, de la buena, de la que te
arrastra por el camino, y, o acaba contigo, o te enseña.
Yo me
deseo, paciencia, que ya estoy muy enseñada.

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