sábado, 17 de septiembre de 2016

Hasta aquí hemos llegado

Hay gente a la que invito desde aquí a comprarse una vida, mejor dicho, otra. Una que realmente les interese, les haga aprender algo (sustancioso y con fundamento, como diría Arguiñano) una vida en la que haya novedades, accidentes vitales y, qué coño, un poco de emoción.
Cómo nos gusta juzgar, cómo nos gusta destripar la supuesta vida de los otros, de los que viven cosas diferentes a la nuestras… Y es que, que les vas a pedir a personas que con ventitantos años, solo han tenido que enfrentarse a vicisitudes tan dramáticas como el que les deje el novio. Ojo, que dejarlo con el novio puede ser un drama, sí, pero sobre todo si todos tus problemas a los que te has tenido que enfrentar en la vida, responde a esa índole emocional. Que no me llama, que no me escribe, que no me quiere. Ay. Dios. Qué me pongo hoy que me convine, con la alineación perfecta de mi vida, exenta de cualquier tipo de cosa que se salga de lo normal.

Los culebrones dan mucho morbo, una curiosidad mordaz, con las que los “grises” de espíritu se aventuran a lanzar diagnósticos a diestro y siniestro.
Todo el atrevimiento que no tienen en su rutina diaria, sale a presión contra los demás.

No les deseo nada malo, la verdad, solo les deseo vida, de la buena, de la que te arrastra por el camino, y, o acaba contigo, o te enseña.

Yo me deseo, paciencia, que ya estoy muy enseñada.

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