domingo, 22 de mayo de 2016

Autoconstrucción

Rompí todos los espejos, 
y solo me quedé con el reflejo que tus ojos me devolvían de mí.
Así de simple.
Así de duro.
Perdí la perspectiva, el norte, las bridas.
Solté las riendas de mis caballos.
Dejé mi destino en manos del hado.
Y casi me esfumé de mí misma.
Te dejé el control de mi vida,
el color de mi sonrisa,
delegué en ti mi felicidad,
la dicha,
el día a día.
Y cuando curé mis heridas,
me llamaste desagradecida,
por querer echar a volar.
Y entonces,
cogí cada cristal del espejo 
que un día rompí para no verme,
y lo pegué cuidadosamente.
Me gusté por primera vez,
rota y bella,
llorosa y heroica.
Y por primera vez,
volví a sonreír.
Por mí y para mí.
Rozando con cariño,
cada una de las aristas que recomponían mi ser.


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