No sé a cuento de qué, me estoy acordando de una profesora que tuve en primero de bachillerato, todavía me sé su nombre completo, y "enseñaba" Lengua y Literatura, mi favorita junto al Inglés.
Bueno, que me enrollo, todos los exámenes, esta afable mujer, "suspendía" mis exámenes con un 4,9.
TODOS.
Yo iba a las revisiones y para más inri solo conseguía que me bajara la nota. Todo estaba según ella bien, pero, no como ella lo quería...
Total, que yo cada vez me sentía mas frustrada, el último examen fue decisivo como golpe final.
Un 4,95...
Era el global y yo pensé que me había estando tocando las narices todo el año pero que en este instante, sería benevolente y me aprobaría.
Craso error.
Sonreía amargamente mientras me decía que ella no podía hacer nada por mí, que eran 5 centésimas, que igual si hubiera sido un 4,99, podría haber hecho la lista gorda.
Me suspendió y la dije que yo estudiaría algún día Periodismo, y que la llevaría mis futuras notas, que me estaba poniendo la zancadilla en una asignatura para mí donde más motivada me sentía, devoraba libros, periódicos, corregía en clase...
- Eres una prepotente, Jessica, y sí, espero tus notas, a ver si es verdad que llegan al notable.
Roja de ira me di la media vuelta, terminé el bachiller y destaqué en esa asignatura, un 9 en selectividad, y mismas notas en la carrera.
Pero no volví a enseñarle las notas, ya había demostrado todo a la persona que más me importaba, a mí misma. Los desprecios me hicieron envalentonarme, una vez más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario