Voy a quemar mi vestido de novia, ya he comprado hoy todo lo necesario.
Cerillas, gasolina y ganas.
No sabes lo que necesitaba que esto saliera bien. No por ti, sino por mí. Mi historial sentimental es un cementerio inhabitable, o han huido o les he echado a patadas y sin mirar atrás, porque nunca miro atrás.
Vale, igual no tenía que haberme comprado nunca el dichoso vestido, pero, coño, ¿y todas las conversaciones, los secretos, las confesiones, los besos, la intimidad que ha solapado nuestras pieles haciéndonos casi uno? ¿Osea que me he hecho sola "todo el lío"? ¿Esto no iba a ningún lado? Vale, empiezo a captarlo...
Después de meses me dice que no puede, que no quiere, que le duele, que ahora no, que en este momento no, que ya luego, que si eso otro día...
Me he convertido en una copia mala de Bridget Jones, comprando helado barato del Burger King y leyendo todos los libros sobre amor que se han editado, me he sacado un máster en psicología masculina, sus miedos, sus posibles traumas y demás reacciones adversas.
He comprado el vestido de novia antes de que me hayan pedido matrimonio, pero lo peor de todo, lo que de verdad me me escama, es que lo he comprado antes de haber recibido una proposición sincera de amor. Y me he quedado con el banquete y la reserva pingando de un hilo, y el final cosido en torno a puntos suspensivos.
¿Y si vuelve? Que le jodan, si vuelve que me compre un vestido nuevo, como Dios manda, pero este lo quemo, en aquelarre y bailaré alrededor de las llamas como poseída de despecho y amor.
A veces pienso que me he vuelto loca, menos mal que solo sabréis si esta historia es cierta, si veis llamaradas, tan hipnóticas y enfermizas como ese amor, ese amor con su cualidad más noble, ese amor que no sirve para nada, pero vale para todo un incendio y que arda todo en su calor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario