No sos vos, soy yo. En serio. No eres tú, soy yo, que no me vale nada, que no me vale nadie.
Me he dado cuenta de que la que tiene un problema soy yo. No puedo enamorarme, ni entregarme, y solo entro en bucle en relaciones que sé que no irán a ningún sitio. Y no, no voy en plan victimista, que no es eso, esbozo la radiografía de un corazón abierto, un mero diagnóstico de alguien que encuentra trabas en todos los hombres que encuentra a su alrededor.
No me gusta que se vayan, pero me encanta ver cómo se van. Y así tengo excusa para liberarme de eso que llaman amor, uf, ¡qué dulce claustrofobia!
Si son altos, porque son altos, bajitos no, que tampoco me gustan, y despegados tampoco, que necesito cariño, pero empalagosos ni de broma, que me ahogan.
No me gustan los que dudan y no se comprometen, pero huyo de los que quieren irse a vivir conmigo al mes de conocerme. Quiero que sean empáticos, pero no tanto que me remuevan las entrañas, que sean "todo sentimiento", todo sensibilidad.
No quiero que vengan, pero tampoco que se vayan. No sé, imagino que quiero a alguien que se quede, y que no me haga mucho caso, que tenga paciencia y no se vaya muy lejos, por si acaso.
Porque a veces no has de entender del todo a alguien, sobre todo, al principio, tan solo, has de quererle y disfrutar de la travesía de conocimiento propio y el ajeno, ser un espejo, qué coño:
Vibrar y fluir, aunque uno no quiera y tenga miedo, y quiera salir corriendo y quedarse, y todo junto.
Y si quieres vete, pero quédate conmigo.
Que quiero salir corriendo, pero que sea contigo.

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