Vale, no me deja en muy buen lugar, pero estaba sometida a tanta presión, que no sabía discernir entre lo políticamente correcto y lo que no, quedarme mucho rato parada me frenaba hasta los latidos del corazón, me helaba la sangre. N
ecesitaba no quedarme quieta, no pensar, no llorar tan siquiera, aunque me estuvieses diciendo que me dejabas.
Si paraba, sabía que no podría continuar con el ritmo, tendría que parar toda la maquinaria, en mi cabeza se agolpaban las imágenes del hospital, mi padre tendido en la cama, el olor de la quimioterapia, el tono sepia que deja en la piel dicho veneno sanador, el pitido que me perforaba el tímpano cada 20 minutos para cambiar la medicación que pendía de un brazo metálico hacia mi padre. Si paraba, mandaría la Universidad al carajo, olvidaría que una vez intenté ser periodista, dejaría de bailar, si paraba todo se estancaría y se marchitaría, lo soltaría todo, hasta a ti.
Me dijiste que querías casarte conmigo, tener hijos, vivir juntos... todo me abrumaba tanto, que no supe contestarte un: "yo también", me quedé callada esperando que el hado resolviera la situación, pero eso lo empeoró todo, te di a entender que yo jamás querría eso contigo, que tú no eras importante, que yo no estaba preparada, tú llorabas de impotencia a no verte correspondido y yo sonreía de desolación al sentir que tú no ibas a esperarme, como yo había hecho tantas veces.

Ninguno supo, sujetar la situación y ambos soltamos la cuerda por donde el otro caminaba, yo hacia a ti, y tú hacia a mí. Fuimos tontos, pensamos que el amor podía solventarlo todo, pero no, todo lo hubieran solucionado dos palabras:
"YO TAMBIÉN".
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