Y no importa.
A veces se gana, y a veces se aprende.
Eso dicen. No voy a maquillar la situación. No voy a almibararla, no voy a suavizarla. Porque oye, la has cagado, has errado, y ahora estás hecho trizas. Para que nos vamos a engañar. Que si creías, que si pensaste, que si parecía que esta vez sí, que jolín podía triunfar el tino del destino y por fin que la ruleta cayera en tu número. Hemos estado cerca. Pero no. Y no me vengas con que no lo veías venir, que los miopes vemos mejor con el alma, y hasta mi alma a oscuras lo veía a la legua.
Pero bueno, después de caminar tanto por el desierto, los espejismos son tan atractivos, como los oasis cuando el corazón está sediento.
Y no, no te voy a decir que no pasa nada, porque uno se queda tocado, hundido y con el letrero de "se alquila", vacío y apático, que más da, piensas. Ya para qué seguir esforzándonos. Qué pereza.
Te has vuelto a equivocar, y no te voy a decir que "no te ralles", que sigas intentándolo, que eres muy joven, que vendrán más oportunidades.
Eso ya lo sabes, y en estos momentos no calma. Te diré algo: equivocarse es bueno, y darse cuenta aún mejor.
¿Cuánta gente anda metida en dinámicas laborales, sentimentales y coyunturales sin percatarse, o sin querer hacerlo, de que están equivocándose día tras día?
Por unos momentos, días, meses o años, pensaste que eso podía ser, que eso era bueno, que eso era el manjar de la vida, sushi y soja. Por unos segundos, parecía que todo encajaba y el cartel de la vida lucía sus neones por encima de tu cabeza.
Por unos instantes creíste, te ilusionaste y viste todo tan real, que igual ha merecido la pena, volver a resbalarte. Hay gente que resbala, y jamás es por perseguir un espejismo, un anhelo, un sueño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario