domingo, 18 de octubre de 2015

Toma el timón de tu barco

Voy a hacer lo que me dé la gana.
Y da igual si el mundo lo entiende.
O no.
La mayoría de gente grande que conozco va a su libre albedrío.
Han hecho lo que han querido cuando han gustado.
Sin dañar a nadie.
Siguiendo algo fundamental, su propio criterio.
Doy a las gracias a mis padres,
quienes me han dejado equivocarme.
Romperme la cara contra un muro y volver a empezar.
Han cuidado de mí, sin sitiarme,
sin dirigirme,
sin dictar los pasos que debía dar.
-Cariño, vuelve a empezar.
- Tú puedes
- Vamos, "rubia"
Mis padres nunca me decían nada como "te lo advertimos".
Siempre había un: "bueno, te has equivocado, no nos regodeemos en ello, ahora veamos cómo lo arreglamos".
Así que creo que hay que equivocarse, y no hacer lo que papi y mami quieren, lo que van a ver mejor los demás, la familia, el sursum corda... 
Me han dado grandes lecciones de vida, al igual que también se han equivocado y me han enseñado algo, igual que fui perdonada, yo también todo les he perdonado.
Sin rencores, sin trapos sucios de antaño.
Y no exagero. Que todos nos tenemos que perdonar.
¿Cuántas víctimas de sus padres hay? Con "complejos de Edipo y Electra", siempre a las faldas de sus progenitores, que no les dejan ni que se pongan ellos solos las tiritas, que les tiran las bicicletas a la basura para evitar magulladuras posteriores.
Mis padres jamás han elegido a mis novios, ni a mis amigos, nunca me han obligado a estudiar nada que no quisiera ni me han conminado a trabajar en la empresa familiar, por narices, por cojones.
Me han dejado volar, levar anclas y viajar sola, y aunque tuviesen miedos, nunca me los transmitían.
Habéis hecho un gran trabajo, porque no soy una niñata caprichosa, al menos, no en toda mi extensión, porque no me habéis dejado que me escondiera en mis traumas y miedos.
Y sobre todo me habéis disuadido del orgullo y del odio y me habéis invitado a encarar la vida desde el amor y la dignidad.
Como dijo Randy Pausch: "Si quieres ser feliz, asegúrate de tener unos buenos padres."
Y yo quería hacerlo extensible a nuestros mayores, que también tienen "culpa" de nuestra felicidad, gracias a los abuelos, que con sus aciertos y errores han sido el germen de todo esto.


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