sábado, 31 de octubre de 2015

Cuando tú no me ayudaste

Una vez, tuve una amiga, como diría Forest, "una muy mejor amiga", con la que compartía todo, momentos, secretos, confesiones de nuestras pasionales relaciones con el sexo opuesto, viajábamos y nos bebíamos el mundo a "bocanás".
Nuestros respectivos novios de entonces nos tomaban y dejaban a su antojo, nosotras también, y entre idas y venidas, nosotras encontrábamos en otros brazos el desconsuelo de quien busca calor de quien no le interesa. Total, empezábamos a jugar a vivir, a reírnos del mundo.

Ella empezó a no sentirse tan cómplice mía, yo, según ella, me reía demasiado, parecía, que pasaba de puntillas de la vida, que no me enteraba de los problemas del mundo. Yo era "tan feliz", musitaba ella, mientras yo veía que una nueve tormentosa se estancaba encima de su cabeza. Ya nada la divertía, vomitaba vida por las esquinas, porque se sentía gorda, yo siempre pensé que era una gordura psicológica, de cosas que no digería de su propia vida, se le habían atragantado los fantasmas, y buscaba purgarse físicamente, verse más delgada cada vez, verse guapa por fuera, para huir de la fealdad interna que sentía consigo misma.
Empezó a escurrirse de mi mano, empecé a perderla y cada vez tenía menos ganas de reírme con ella, porque yo también tenía mi pasado dándome arcadas de vez en cuando, y no quería darle espacio, ni en mi cuerpo ni en mi vida, cada vez que sonreía a ella le sentaba mal, qué sabrás de la vida, me escupían sus ojos cada vez con más recelo.
De repente a mi padre le detectaron el cáncer, casi en el mismo día la llamé, estaba tan asustada, que no sabía a quién acudir, quién podía darme una palabra de aliento. Cogió el teléfono, sonaba tan fría, tan distante, que cuando le conté el desenlace me dijo con gélida voz: -bueno, tranquila, ya verás como tu padre sale de esta, y ahora te tengo que dejar "tía", que hoy es el cumpleaños de Pedrito- (el novio que la dejaba cada dos por tres) y vamos a soplar las velas, y sabéis qué, por primera vez, la volví a escuchar reírse, una sonora carcajada. -Tía, hablamos otro día, un besito.-
-Un besito- arrastré yo. Me quedé mirando el teléfono un rato al comprobar que efectivamente había colgado.
Hacía años que no la veía, y el otro día, la vi en mi calle (qué pintará ella aquí, me dije con resignación.)
Buscó saludarme, y ladeé la cabeza, no como signo de desprecio, os lo aseguro, no por hacerla un feo, ni ser desagradable, simplemente, ya no, ya no, Ella se quedó parada mientras yo seguía caminando. 
- Siento no haberte ayudado- pronunció- tuve miedo cuando me lo contaste.
- Te creo, yo también tuve aquel miedo.
Y antes de irme sonreí y dije: salió todo bien, por cierto,
Seguí caminando, liviana, como si Debussy tocase en el piano de mi alma, como si mi corazón solo pudiese albergar melodías alegres y sobre todo, sin rencor.

domingo, 18 de octubre de 2015

Toma el timón de tu barco

Voy a hacer lo que me dé la gana.
Y da igual si el mundo lo entiende.
O no.
La mayoría de gente grande que conozco va a su libre albedrío.
Han hecho lo que han querido cuando han gustado.
Sin dañar a nadie.
Siguiendo algo fundamental, su propio criterio.
Doy a las gracias a mis padres,
quienes me han dejado equivocarme.
Romperme la cara contra un muro y volver a empezar.
Han cuidado de mí, sin sitiarme,
sin dirigirme,
sin dictar los pasos que debía dar.
-Cariño, vuelve a empezar.
- Tú puedes
- Vamos, "rubia"
Mis padres nunca me decían nada como "te lo advertimos".
Siempre había un: "bueno, te has equivocado, no nos regodeemos en ello, ahora veamos cómo lo arreglamos".
Así que creo que hay que equivocarse, y no hacer lo que papi y mami quieren, lo que van a ver mejor los demás, la familia, el sursum corda... 
Me han dado grandes lecciones de vida, al igual que también se han equivocado y me han enseñado algo, igual que fui perdonada, yo también todo les he perdonado.
Sin rencores, sin trapos sucios de antaño.
Y no exagero. Que todos nos tenemos que perdonar.
¿Cuántas víctimas de sus padres hay? Con "complejos de Edipo y Electra", siempre a las faldas de sus progenitores, que no les dejan ni que se pongan ellos solos las tiritas, que les tiran las bicicletas a la basura para evitar magulladuras posteriores.
Mis padres jamás han elegido a mis novios, ni a mis amigos, nunca me han obligado a estudiar nada que no quisiera ni me han conminado a trabajar en la empresa familiar, por narices, por cojones.
Me han dejado volar, levar anclas y viajar sola, y aunque tuviesen miedos, nunca me los transmitían.
Habéis hecho un gran trabajo, porque no soy una niñata caprichosa, al menos, no en toda mi extensión, porque no me habéis dejado que me escondiera en mis traumas y miedos.
Y sobre todo me habéis disuadido del orgullo y del odio y me habéis invitado a encarar la vida desde el amor y la dignidad.
Como dijo Randy Pausch: "Si quieres ser feliz, asegúrate de tener unos buenos padres."
Y yo quería hacerlo extensible a nuestros mayores, que también tienen "culpa" de nuestra felicidad, gracias a los abuelos, que con sus aciertos y errores han sido el germen de todo esto.


jueves, 15 de octubre de 2015

Cuéntame tu vida

Ni voy a ir de erudita,
ni de chula.
Pero solo diré que me gusta esa gente que se moja.
¿Sabes a lo que me refiero?
Pues a que hay que ir de frente de vez en cuando.
No podemos exigir que alguien sepa que nos pasa si no hablamos,
si no hay interacción.
¿Me explico?
- A ver que no me cuentes tu vida, que no me interesa-Seguramente hayas escuchado alguna vez a alguien decir esto.
Qué error.
Estamos aquí para contarnos la vida los otros.
Por favor, cuéntame tu vida. 
En serio.
Oye, no pases de todo tanto,
que te hablo a ti.
Te encierras en tu círculo de dolor,
y no dejas títere con cabeza.
¿Y sabes qué?
Que desgraciadamente sé bastante de eso.
De soportar peso sobre los hombros,
del síndrome de Diógenes sentimental.
Y que no.
Que ya no me callo más.
Que hablo de mis miserias con el primero que quiera escucharlas.
Que regalo mis traumas a quien quiera oírlos.
Que ya me da igual ser débil.
Que me da lo mismo no ser tan indolente como puedas parecer tú.
Que lloro y río desde las entrañas.
Que para bien o para mal.
Me desnudo.
Me la juego.
Que me las dan de lado
y sigo poniendo la mejilla por si cae algún beso.
Y que oye,
un día te cae una teja y ahí te deja.
No te encorsetes tanto y haz lo que te digo,
tómate un café conmigo,
y anda,
cuéntame tu vida.


lunes, 12 de octubre de 2015

Maldito Orgullo

Que si yo,
que si tú,
que si el Íbex35,
que si el tipo de interés fijo o variable.
Que si la culpa es tuya o es mía.
Y que si es mía se la hecho a quien me da la gana.
Que si soy una egoísta..
anda que tú,
el que va a su bola...
Buah...
Me voy a complicar la vida yo.
A estas alturas.
¿Pedirte perdón?
Ni loca.
¿Aceptártelo?
Ni mucho menos.
Ni que yo fuera de esas personas que olvidan.
¡JA!
Vas listo.
Porque sabes qué.
Que dentro de mi orgullo,
de esta fortaleza,
 nada puede herirme,
ni siquiera tu recuerdo.
Así no tengo que hacer una posible autocrítica.
Es más fácil decirte que fuiste tú quien lo hizo mal.
Y negarme a volver a hablar contigo.
No me vaya a dar cuenta de que fuimos ambos quienes nos equivocamos.
Estoy cansada.
Qué difícil me pones la vida.
Qué complicadas son las noches,
esos momentos,
donde el orgullo no tiene escapatoria.
Donde te llamo y me llamas.
Donde te encuentro en mis sueños.
Donde no hay luces ni sombras.
Solo sentimientos.
fluyendo como un río.
Despierto.
Vuelvo a mi resentimiento.
A echarte la responsabilidad de todo encima.
A sepultarte bajo el odio.
A recordar mis lágrimas.
y sigo echando arena en tu recuerdo.
El dolor es la lápida de nuestro amor.
Y el orgullo hace que te entierre vivo.
Creo que yo estoy fuera,
Pero yazco contigo en la sepultura.
Ardemos en una hoguera de hielo.
Y en el nombre de mi dignidad me doblego al odio.
Escupo más tierra sobre nosotros.
Y rezo mientras lloro:
"Más líbrame de orgullo. Amén."
Repito una y otra vez.
Mientras el recuerdo llamea lenguas de olvido.
Ese olvido que no se puede olvidar.


lunes, 5 de octubre de 2015

No lo tuvimos todo, ni falta que hacía

Aún recuerdo tus ojos verdes,
Casi vírgenes a la luz de la vida.
Mi amor, los habías protegido tanto,
Que al mirarme te lloraban las comisuras de los párpados.
Mi amor,
No eras perfecto,
Ni yo tampoco.
Me quisiste con locura.
Esas locuras que dan miedo.
Que asustan.
Que dan ganas de correr.
Aún duermo con el pijama que me llevé prestado de tu armario.
No sé si huele a ti.
Si es demasiado fetiche, 
O si es normal este tipo de deslices.
Muchos dicen que no eras el hombre de mi vida,
Pero fuiste el hombre de mis días por un tiempo,
Compartiendo,
Amando,
Queriendo.
Tuve que irme mi amor.
Igual aún me odias.
Pero igual te digo:
No fue por vos,
Mi amor.
Del todo no fue por vos.
Me quedo con algo,
Tú y yo bañados de lluvia un día en un pueblo de Madrid.
Creando recuerdos.
Llegar a casa y cambiarnos.
El primer día que me prestaste tu pijama y tus alpargatas.
El día que lo cambió todo.
Y aquí ando,
Mi amor,
Tumbada en la almohada, pienso en esos días,
Ni lo tuvimos todo,
Ni fuimos perfectos,
Ni falta que hacía.