Hoy he encontrado una fotografía. Ahora no se encuentran en los baúles ni en los álbumes, sino en los ordenadores que quedan aletargados en casa de los padres, esperando que un día de melancolía abramos archivos dormidos y se nos pare el corazón, para que después vuelva a latir más fuerte.
No es una fotografía especial, no vamos a engañarnos, es una más de esas que en algún momento alguien hizo sin pedírsela, y que guardé sabiendo que algún día me sentaría bien verla.
No es más que un amasijo de píxeles mal amontonados, poca resolución y peor luz.
Pero las sonrisas nos delatan, le suben la calidad inerte y la llena de vida.
Puedo retrotraerme a ese momento, donde levanto los brazos bailando en un "bareto" del barrio, cuando creía que nada importaba lo suficiente, cuando alguien que me conocía mejor que yo a mí, inmortalizaba momentos que yo veía como uno más.
Las fotografías hacen magia porque hacen los momentos eternos, y si no hay más eterno que el amor.

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