martes, 23 de julio de 2019

Cuando el problema no son los alumnos...

Cuando me puse al frente de una clase de secundaria por primera vez, mis dudas sobrevinieron por el típico cliché que a todos nos asola cuando vamos a empezar nuestra debacle docente.
-¿Saldré con vida después de 6 horas seguida dando clase a adolescentes en pleno apogeo de rebeldía y otras características propias de la edad? 
Obviamente, si te gusta la docencia, si estás aquí por vocación real y no como única vía de supervivencia adscrita a un sueldo a final de mes, sí. El alumno adolescente camina "entre dos aguas", que cantaría Paco de Lucía a través de su guitarra, entre dos aguas de la niñez y los primeros atisbos de la edad adulta, si el profesor posee una mínima sensibilidad a este hecho, y a otro muy importante sobre el cambio de paradigma social, se dará cuenta de que ahora, nuestros alumnos de secundaria necesitan un "para qué" par comprometerse.
A ver, que ya estoy divagando. En fin, aquí "subyace" una "profe", que le voy a hacer.
Al grano, el problema no son los alumnos, sino los demás profesores, si ven que triunfas en la clases, que por lo que sea conectas y calas entre ellos, que están motivados los que sobresalen y los que antes preferían pasar desapercibidos mientras hablaban...
Si un profesor que adolece de tal privilegio ve que tú si consigues que tu hora de clase brille, estás perdido.
Profesores, colegas de profesión que intentarán aplastarte con todo el peso de su ley si buscas desmarcarte en algo, hacer que la clases "cuenten" algo más que en el marcador de las notas y las medias.
Hace poco, en la consulta médica, mi doctora me dijo que si era duro lidiar con los estudiantes, y cuando le dije que a veces la peor parte yo la había sentido por parte de algún miembro del claustro, sonrió y me contestó:
-Vaya... es horrible, pero desgraciadamente no me sorprende, hay muchos profesores que me confiesan lo mismo que tú ahora.
Debemos reflexionar entre todos qué estamos haciendo mal para que haya una epidemia de falta de empatía en las aulas.
A veces, las situaciones más injustas, las tenemos como un caballo de Troya, en los claustros, a veces, auténticas trincheras.

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