Yo no era diferente para ti, yo solo era "zarca". Para ti era tu nieta "la española", manos blancas, blancas, pelo "amarillo", ojos "zarcos", como tu hermano el que murió.
Yo, que a veces necesitaba saber de dónde me salían estos ojos, y tú, dándome respuestas, con una tranquilidad aplastante e inquebrantable...
- Abuela, no tengo el pelo amarillo, es rubio- te decía yo.
Tú cerrabas un poco los ojos tocando mi cabello y riendo me decías: "es amarillo".
Me hiciste sentir tan tuya, que la distancia de un océano se la tragó el cariño, yo te acariciaba el dorso de la mano e intentaba siempre grabar ese momento y todos los que compartíamos, porque sabía que algún día, el reloj de arena que marca nuestras vidas, nos separaría.Los abuelos son personas que jamás deberían irse sin antes haber dejado una huella imborrable en sus nietos.Tu marca ya vive en mi piel como un tatuaje a fuego, y solo espero que te quedes siempre conmigo, como la vez que al volver de Perú, me entraron unas fiebres altísimas y soñé entre temblores y alucinaciones, que te quedabas a mi lado cuidándome.
Pero lo mejor es que me enseñaste una frase que también ha heredado mi padre, una frase muy de la señora Grimaneza, haciéndose respetar, poniendo un pie en el suelo y haciendo que el Macchu Picchu, vibrase: "Ya no. Ya"
Te quiero, mamita Grima.
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