Me vas a perdonar, pero es que ahora mismo me pillas en ese momento, en el que no me apetece perder más el tiempo con nadie que no lo merezca.
Para qué andarnos con tonterías, para qué intentar ser políticamente correcta, si lo que me apetece es decirte que me valías cuando todo me valía. Cuando quería huir de todo y tener una relación, aunque fuese mala, me venía hasta bien, para evadirme de mi realidad.
Me vas a perdonar que ahora no te coja el teléfono, que no te conteste a los mensajes, y que no te siga la corriente, esa corriente con la que me electrocuté más de una vez, antes que toda fuente de energía me valía, aunque me quedase chamuscada después de los cortocircuitos que te entraban de vez en cuando.
Me vas a perdonar que se me haya secado la paciencia, y que mis ojos ya no brillen por almacenar lágrimas, sino por guardar momentos y lo mejor aún, esperanza.
Me vas a perdonar que ya no vaya a dormir contigo nunca más, me vas a perdonar que no vuelva a cogerte de la mano, ni a sonreír cuando me llames o escribas.
Me vas a perdonar haberte olvidado, y que no me sienta culpable por dejarte ir, o mejor de todo, por echarte a patadas del armario donde solo has ocupado sitio. Ahora necesito ese espacio para guardar ilusiones y aire limpio.
Me vas a perdonar que haya tirado y vendido tus regalos, me vas a perdonar que ya no quiera cuidarte y que tú vida ahora sea solo asunto tuyo, que ya somos todos mayorcitos.
Me vas a perdonar, porque no te queda otra. O bueno, sí, lo peor va a llegar el día que te tengas que perdonar tú a ti, porque hasta me he tomado la libertad de hacerlo, de perdonarte y dejarte ir.
Me vas a perdonar que me haya enamorado de otra persona, me vas a perdonar que me case con alguien que no seas tú.
Y me vas a perdonar, que no te invite a la boda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario