Tanto si me quieres como si me odias, me beneficia. Si me quieres siempre estaré en tu corazón, y si me odias, permaneceré siempre en tu cabeza.
Podía dedicar mi vida al odio, o podía dedicársela al amor.
Hay un momento en la vida en el que todos podemos decidir, ser unos hijos de puta sin sentimientos, o abrir algo más el corazón para dejar que todo el dolor salga, como una gran sangría emocional.
En lugar de obviar hablar de las cosas y cerrar los ojos y esconderse debajo de una piedra.
No es fácil hacer terapia, sentarse delante de un profesional y contarle todas las mierdas que te han acaecido en la vida. "Oh, vaya, ¿quién lo diría?" dice alguna gente sorprendida. Sí señores, y aquí me encuentro: bien erguida, y a veces, agradecida a que escuezan las heridas, tú lo llamas dolor, yo lo llamo vida.
¿Que si soy positiva? ¿Qué otro camino nos queda?
Ah, sí... El el del odio, el del rencor, el resquemor, el miedo, el encerrarme en mí misma, el no permitir que me conozcas del todo, el salir corriendo si veo que me implico demasiado, o que tú te quieres comprometer, porque a veces uno no quiere ser de nadie, que no está mal, el problema es cuando uno no quiere ser casi ni de sí mismo,
El problema es cuando la tierra te duele tanto que te desarraigas, que sueltas las raíces. Al principio ter sentirás libre y liviano. Levitar, como algo drogado. Después de un tiempo, sentirás la resaca de la vida y caerás mareado sobre el suelo, buscando donde pertenecer de nuevo ¿y sabes qué?
Solo el amor puede darnos alas en la tierra.

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