El silencio mata, el silencio es cómplice, el silencio de la honorable gente buena, "esa" que no hace el mal, pero que lo presencia y no se molesta en hacer algo por frenarlo, por denunciarlo, por enfrentarse cara a cara con el que agrede, con el que abusa.
Mi querida Naiara, ya no harás tus 9 años el 1 de octubre porque te han arrebatado a golpes la vida, lo que jamás consiguieron quitarte fue esa sonrisa de princesa que iluminaba tu rostro y que se ha quedado grabada en mi mente mientras leía en el periódico tu caso. Tu familia sabía que sufrías, pero tal vez no pensaron que un día se traspasarían los límites, tal vez pensaron que bueno, que unos golpes no te matarían al fin y al cabo, que serías fuerte y los aguantarías como venías haciendo desde hace tiempo.
Yo los he escuchado todos y cada uno de ellos mientras leía la noticia y no soy capaz de sacármelos de la cabeza, pero ahora es tarde, ya has sido enterrada y lo que queramos hacer por ti, no es más que un grito ahogado al mundo para evitar más "Naiaras", más niños muertos a manos de sus familiares, que no solo no saben amarles, sino que odian sus vidas, y cuyo desprecio desemboca en golpes, abusos y demás maltratos. Retumba la nana más triste en el pecho cada vez que siento, que desde hace 5 años, tenías que aguantar que te tuvieran en esa familia casi por caridad, por beneficiencia, una beneficiencia y un desarraigo que puntualizaban, porque no compartías sangre con el marido de tu madre. No sé hasta dónde se ha de llegar para que los adultos, o al menos los adultos buenos, reaccionen, si reaccionan cuando ya velamos los cuerpos sin vida de los menores maltratados, ya es tarde, ya no tiene caso.
Porque los golpes duelen, pero el silencio es el que acaba por matar.
DEP Naiara.
Enlace a la noticia: https://politica.elpais.com/politica/2017/07/14/actualidad/1500027568_087404.html
aguantaría tu joven cuerpo, como ha venido haciendo desde hace años. Pero nadie se dio cuenta de que había que pararlo, de que un día tu ser estaría agotado, de que tal vez tenías lesiones internas que nadie veía, en cuanto se te iban los hematomas. Pero ni tu familia hizo nada, ni los vecinos oyeron nada, ni había denuncias, de algo que por Dios, estoy segura que se tenía que escuchar, los gritos de dolor y desesperación que proferías mientras te rompían la tibia o el brazo no puedo creer que nadie los oyera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario