Sucedía muchas veces, él levantaba la mano y yo cerraba los ojos gritando un 'no', que parecía un quejido. Lo peor venía después, porque no llegabas a bajarla sobre mi piel, marcada tantas veces bajo es palma, ese sonido que aún recuerdo cuando tu mano encontraba cualquier parte de mi cuerpo que te cogía mejor, y si me intentaba escabullir me cogías de la muñeca con una de tus garras para propinarme "mi correctivo aleccionador" con la otra.
Me he levantado con ganas de echar a correr y dejar el miedo atrás, luego me he dicho algo:
"Ya no huiremos más, pequeña, ya no somos ese frágil ser que un día tuvo que pasar por tal y constante humillación.
Ya no soy esa niña, aunque, esa persona siga siendo (desgraciadamente) la misma..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario