Desde que llegó a mi vida está todo inconcluso, la cama deshecha, los platos sin lavar apilados, en un orden que no sabría explicar por qué, pero me da paz.
Abrir las ventanas para orear la habitación y sentir que huele a ti, que salgas mientras yo me quedo trabajando en el ordenador y esperar a escuchar la llave desvencijando la cerradura, y sentir que un día más vuelves a mi vida, y vamos a cenar, o vienen amigos, o me ayudas a hacer algo que me agobia, que acabaría haciendo sola, pero que tú me haces más fácil.
Y da igual dónde me lleve la vida, los cacharros siguen haciendo torre y no quiero fregarlos sola, no quiero volver a mi vida solitaria ahora que he entendido lo bonito que es compartir la existencia con alguien, con alguien, a mí, que me dan alergia los compromisos y ver a alguien a mi lado al despertar.
A mí, que sabes que esto no me va, que no sé, no me iba, que no dejo de pensar en cada minuto que paso a tu lado, comprendiendo todo lo que aún no entendía, a ti, que parece que eres una gran retribución después de tantos palos.
No sé para dónde va nada, pero por si acaso voy a hacer la cama y la colada.

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