miércoles, 8 de febrero de 2017

Cuando hay que terminar una relación

El problema no era que él no sumara, es que yo empecé a sentir que me restaba, que me agotaba cada día más la energía vital, que me extenuaba el ánimo, la cordura, y que me sentía como una funambulista andando sin nadie que esperara abajo por si caía, él no era ni mi cuerda, ni mi red, él era viento que me hacía tambalearme cada vez más, por eso supe que lo nuestro había terminado.
Y el problema no era que él quisiera que le amara, por supuesto que no. El problema es que él quería que le quisiera más que a mí. Porque para estar con él, tal como él quería, tenía que quitarme de mí, despojarme de cierta dignidad y de amor propio, casi como muestra de mi amor por él.
Y de repente, pasó. Dije como diría mi abuela Grimaneza: "ya no ya", bloqueé su número y lloré en mi coche durante tres cuartos de horas mientras alguien me daba pañuelos y me recogía los que ya estaban totalmente llenos de lágrimas y sueños rotos.
Y es que Lucifer no fue expulsado del cielo por querer ser como Dios, sino por querer ser "Dios", y por mucho que se quiera, eso no se le puede permitir a nadie.