Un día como hoy, hace 17 años le gané
el pulso una vez más a la vida. Sé que suena elocuente, amarillista
o demasiado morboso decirlo así, pero no sé como expresarlo de otra
manera.
Un día como hoy hace 17 años, un
coche me atropelló cuando me dirigía al colegio, y me hizo
reaccionar a la vida y darme cuenta, de que alguna manera u otra, yo
también estaba siendo atropellada en otras parcelas de mi vida, sin
ir más lejos, sufría “bullying” en clase y me había vuelto muy
introspectiva y reservada.
A veces, como dice mi amiga Paz, solo
hace falta que nos muevan “el árbol” para que uno se dé cuenta
de que se está quedando apocado, “pa' dentro”, y en color sepia,
uno aprende a molestar lo menos posible, uno aprende a ser
transparente y a bajar la cabeza en la vida.
Hasta que una persona o acontecimiento
te hace agitarte y plantearte si es bueno seguir a la sombra, en ese
rincón de confort donde no ocurre nada malo, pero tampoco nada
bueno.
Supe que tenía que cambiar el rumbo de
mi vida mientras volaba por los aires después del frío impacto del
bólido y solo podía preguntarme angustiada algo: “¿cómo caeré
cuando mi cuerpo se rinda a la gravedad? ¿Seguiré viva cuando eso
pase?

No hay comentarios:
Publicar un comentario