sábado, 14 de enero de 2017

Rebirthing

Un día como hoy, hace 17 años le gané el pulso una vez más a la vida. Sé que suena elocuente, amarillista o demasiado morboso decirlo así, pero no sé como expresarlo de otra manera.
Un día como hoy hace 17 años, un coche me atropelló cuando me dirigía al colegio, y me hizo reaccionar a la vida y darme cuenta, de que alguna manera u otra, yo también estaba siendo atropellada en otras parcelas de mi vida, sin ir más lejos, sufría “bullying” en clase y me había vuelto muy introspectiva y reservada.
A veces, como dice mi amiga Paz, solo hace falta que nos muevan “el árbol” para que uno se dé cuenta de que se está quedando apocado, “pa' dentro”, y en color sepia, uno aprende a molestar lo menos posible, uno aprende a ser transparente y a bajar la cabeza en la vida.

Hasta que una persona o acontecimiento te hace agitarte y plantearte si es bueno seguir a la sombra, en ese rincón de confort donde no ocurre nada malo, pero tampoco nada bueno.

Supe que tenía que cambiar el rumbo de mi vida mientras volaba por los aires después del frío impacto del bólido y solo podía preguntarme angustiada algo: “¿cómo caeré cuando mi cuerpo se rinda a la gravedad? ¿Seguiré viva cuando eso pase?


Tuve moratones una larga temporada, pero el dolor sabían a vida, a una vida que solo me había lanzado una advertencia: “Despierta”.

No hay comentarios: