lunes, 24 de octubre de 2016

No quiero que me perdones

Prefiero que me odies por decir la verdad a que me ames por mi mentira. Así te lo digo. No valgo para ser políticamente correcta. Para adularte los oídos y decir “sí, buana” a todo. Qué pereza.
Hace poco me pasé tres pueblos con alguien, y lo peor, o lo mejor de todo es que lo hice por amor. Sí, sí, por amor. “Ala, qué cínica eres” Estaréis pensando, y tal vez lo fui, y he estado sopesando fríamente en pedir disculpas a mi amado damnificado porque ahora está muy cabreado conmigo, y no es para menos, pero ¿sabéis qué? Que cuando uno está haciendo el tonto en la vida y peor aún “con la vida”, de vez en cuando, necesita que alguien le diga algo tan obvio pero que por tal cualidad nadie dice: “Eh, tú, deja de hacer el gilipollas, anda”.
Y tal vez no era yo quien tenía que cantarle las cuarenta, ni siquiera por amor, pero, ¿hasta qué punto debemos dejar que alguien se dé una y otra vez contra un muro calladamente? ¿hasta qué punto es peor hacer daño siendo franco una vez, que con la falsedad del silencio continuada?

Bueno, que sepáis que mi futuro marido me ha pedido el divorcio antes de casarnos porque considera que soy un ser vil y despiadado que adolece de sentimientos y empatía por haberle instado a dejar sus actitudes autocompasivas y a autodestructivas, vamos, que le conmine a dejar de tocar las narices a diestro y siniestro y a que espabilara. Y no, hay cosas, por las que realmente no quiero que me perdonen, que me perdone quien no me hizo sentir nunca nada tan fuerte, como para poner el suelo patas arriba y decir: “Tú, despierta y déjate ya de historias”, porque cuando pasas de todo, es porque ahí todo está perdido.

martes, 18 de octubre de 2016

Por qué no quiero una hipoteca

Eh, que no me he vuelto loca, ¿vale? Que quiero tener una casa, por supuesto...
Pero no quiero que mi casa me posea a mí, que me tenga, que me haga prisionera, no quiero volverme una amargada cuyo único fin del mes y de la vida sea trabajar para pagar mi deuda con el banco. Pasar en mi casa poco tiempo porque necesito pasarme el día trabajando para pagarla.
Y es que nos ha vendido la idea de que uno no madura del todo hasta que no firma su primera hipoteca, y en ese poseer, se nos va el santo al cielo y desahuciamos hasta al alma como se ponga pesada y nos pida su lugar. Nos han vendido que para que presumir hay que sufrir y para vivir, al menos en una vivienda propia, hay que sudar la gota gorda, y vender nuestro tiempo para cumplir con cada letra. ¿Y si alguna vez caes enfermo? ¿Las dos habitaciones se te quedan pequeñas para uno más? ¿Si quieres probar suerte en la Conchinchina? ¿Si quieres irte a vivir al campo una temporada, resetear, o no sé, las cosas te vienen mal dadas?

La gente me mira por encima por encima del hombro cuando les digo que estoy de alquiler, y yo no contesto, dicen que estoy tirando el dinero, pero lo que estoy haciendo es invertir en salud mental, que si me hipoteco algún día, no será con un ladrillo, sino con un corazón.

jueves, 13 de octubre de 2016

Nightwing

Las mejores cosas que me han pasado han sido con gente que en principio me caía fatal. En serio.
Esa persona que no me daba buena espina, que me daba tirria o poca confianza, me acababa poniendo los esquemas del revés y, mira tú, o acababan siendo grandes amistades o grandes amores.

Él me caía fatal, y aún hoy me cae mal. Extraordinariamente mal. Tan mal que ya se ha hecho un hueco en mi corazón. Por lo que me ha dado, y por qué no, por lo que no me ha brindado, por las ganas con las que me ha dejado de más. De todo. Por haber encendido de nuevo el interruptor de la vida. Qué coño. Por no haberme dado lo que quería, sino lo que necesitaba. Por frenarme, y decirme: "Espera. Ahora no".

Porque Catwoman, a veces, necesita a Robin, aunque sea para sentirse acompañada en los combates.

Porque es la hora de las heroínas y así sucedió.
De repente Catwoman rescató a Robin.

lunes, 3 de octubre de 2016

"Carlos"

He tostado a todo el mundo con los avatares de mi última "no-conquista", una relación sin relación, sin amor y con muchas ganas, vamos, frustración en dosis elevadas no aptas para cardíacos sin corazón.
Hubo algo que me hizo reflexionar en especial, y fue cuando una de mis amistades me dijo: "¿Sabes, Jess? Ese chico no me gusta para ti", era la primera vez que tanta gente me intentaba quitar de la cabeza a alguien, a nadie le gustaba cómo se comportaba conmigo, y lo peor era mi ceguera voraz, que me carcomía la dignidad.
Una de las cosas que más me hicieron reflexionar , fue un comentario de mi amiga:
"A ver, Jess, cuéntame, ¿este chico ha hecho algo por ti?"
"¿Cómo?" De repente no entedía nada.
"Sí, Jess, que por lo menos Carlos hacía cosas por ti, ¿pero este?
Me quedé pensando en Carlos, y en mi nuevo pretendiente, poco tenían que ver, pero a lo mejor había sido eso lo que inconscientemente yo había buscado.
Aunque empecé a extrañar a Carlos, y a valorar todo lo que había hecho por mí.
Pero...
¿Qué significa realmente eso de que alguien haga algo por ti?
Cuando alguien te pone más fácil la vida ya ha hecho algo por ti.
En ese momento me di cuenta de que no, no había ayudado a que mi vida fuese más liviana, sino que encima había cooperado hacerme las cosas más difíciles.
Por eso, supe, que cuando estuviera preparada, volvería a hablar con Carlos, le debía un beso y un "gracias", pero ese, ya es otro capítulo...

sábado, 1 de octubre de 2016

No sos vos, soy yo

No sos vos, soy yo. En serio. No eres tú, soy yo, que no me vale nada, que no me vale nadie.
Me he dado cuenta de que la que tiene un problema soy yo. No puedo enamorarme, ni entregarme, y solo entro en bucle en relaciones que sé que no irán a ningún sitio. Y no,  no voy en plan victimista, que no es eso, esbozo la radiografía de un corazón abierto, un mero diagnóstico de alguien que encuentra trabas en todos los hombres que encuentra a su alrededor.
No me gusta que se vayan, pero me encanta ver cómo se van. Y así tengo excusa para liberarme de eso que llaman amor, uf, ¡qué dulce claustrofobia!
Si son altos, porque son altos, bajitos no, que tampoco me gustan, y despegados tampoco, que necesito cariño, pero empalagosos ni de broma, que me ahogan.
No me gustan los que dudan y no se comprometen, pero huyo de los que quieren irse a vivir conmigo al mes de conocerme. Quiero que sean empáticos, pero no tanto que me remuevan las entrañas, que sean "todo sentimiento", todo sensibilidad.
No quiero que vengan, pero tampoco que se vayan. No sé, imagino que quiero a alguien que se quede, y que no me haga mucho caso, que tenga paciencia y no se vaya muy lejos, por si acaso.
Porque a veces no has de entender del todo a alguien, sobre todo, al principio, tan solo, has de quererle y disfrutar de la travesía de conocimiento propio y el ajeno, ser un espejo, qué coño:
Vibrar y fluir, aunque uno no quiera  y tenga miedo, y quiera salir corriendo y quedarse, y todo junto.
Y si quieres vete, pero quédate conmigo.
Que quiero salir corriendo, pero que sea contigo.