No sé a cuento de qué, me estoy acordando de una profesora que tuve en primero de bachillerato, todavía me sé su nombre completo, y "enseñaba" Lengua y Literatura, mi favorita junto al Inglés.
Bueno, que me enrollo, todos los exámenes, esta afable mujer, "suspendía" mis exámenes con un 4,9.
TODOS.
Yo iba a las revisiones y para más inri solo conseguía que me bajara la nota. Todo estaba según ella bien, pero, no como ella lo quería...
Total, que yo cada vez me sentía mas frustrada, el último examen fue decisivo como golpe final.
Un 4,95...
Era el global y yo pensé que me había estando tocando las narices todo el año pero que en este instante, sería benevolente y me aprobaría.
Craso error.
Sonreía amargamente mientras me decía que ella no podía hacer nada por mí, que eran 5 centésimas, que igual si hubiera sido un 4,99, podría haber hecho la lista gorda.
Me suspendió y la dije que yo estudiaría algún día Periodismo, y que la llevaría mis futuras notas, que me estaba poniendo la zancadilla en una asignatura para mí donde más motivada me sentía, devoraba libros, periódicos, corregía en clase...
- Eres una prepotente, Jessica, y sí, espero tus notas, a ver si es verdad que llegan al notable.
Roja de ira me di la media vuelta, terminé el bachiller y destaqué en esa asignatura, un 9 en selectividad, y mismas notas en la carrera.
Pero no volví a enseñarle las notas, ya había demostrado todo a la persona que más me importaba, a mí misma. Los desprecios me hicieron envalentonarme, una vez más.
Jessica. León. Escritora ciclotímica establecida en la estratosfera de la molestia. La china de tu zapato.
miércoles, 27 de julio de 2016
martes, 19 de julio de 2016
Quiero hacerte el amor
Llámame loca, pero el influjo de la luna hoy manda en mí, quiero hacerte el amor, o que me lo hagas, no lo sé, o que nos lo hagamos, que comas la boca en medio del cerro boscoso, que encuentres en mis recovecos mil pliegues llenos de secretos y cosquillas, y que me quites la vergüenzas a bocanás de aire, de tus labios a los míos, espera a que los niños se acuesten y no digas nada, agarra mi mano y llévame lejos,
Recuérdame por qué llevamos tantos años, recuérdame por qué tú eres el padre de mis hijos, recuérdame quién era yo cuando te enamoraste de mí, y porque aún sigues enganchado a mi piel, ya no tan tersa, no tan lisa, no tan inmaculada, y hazme un "chupetón" en el cuello, que mañana tenga que tapar con un pañuelo, en pleno julio. Muérdeme y abrázame. Todo junto.
- Calla, calla-que nos van a oír- me instas mientras tú también te mueres de risa, me tapas la boca y te muerdo los dedos.
- Que ya no somos dos jovenzuelos, mujer.
Y de repente, en una maniobra mal ejecutada nos caemos de la cama.
- Ay, mi lumbago- la risa se nos escapa por los costados doloridos. En qué momento se nos ha ocurrido hacer algo tan arriesgado hoy en día como hacer el amor, qué irresponsables, aquí en el suelo, enmarañados nuestros cuerpos, con la sábana de cómplice, y la rutina del día a día, de testigo. Qué bueno liarse la manta a la cabeza.
De vez en cuando.
Recuérdame por qué llevamos tantos años, recuérdame por qué tú eres el padre de mis hijos, recuérdame quién era yo cuando te enamoraste de mí, y porque aún sigues enganchado a mi piel, ya no tan tersa, no tan lisa, no tan inmaculada, y hazme un "chupetón" en el cuello, que mañana tenga que tapar con un pañuelo, en pleno julio. Muérdeme y abrázame. Todo junto.
- Calla, calla-que nos van a oír- me instas mientras tú también te mueres de risa, me tapas la boca y te muerdo los dedos.
- Que ya no somos dos jovenzuelos, mujer.
Y de repente, en una maniobra mal ejecutada nos caemos de la cama.
- Ay, mi lumbago- la risa se nos escapa por los costados doloridos. En qué momento se nos ha ocurrido hacer algo tan arriesgado hoy en día como hacer el amor, qué irresponsables, aquí en el suelo, enmarañados nuestros cuerpos, con la sábana de cómplice, y la rutina del día a día, de testigo. Qué bueno liarse la manta a la cabeza.
De vez en cuando.
jueves, 14 de julio de 2016
Una vez más: Manopuntura Coreana
Ayer estuve con una amiga, la cual comenzó a sufrir de un momento a otro, fuertes dolores que casi la dejaron al borde de la rigidez y del colapso, empezó a sentir gran dolor en la zona ovárica y su rostro se transformó en palidez y hieratismo, me asusté pero me acordé de qué hiciste tú conmigo cuando me pasó a mí: pensé en ponerle las agujas, lo mucho que aprendí sin saberlo sobre los meridianos de la mano, y cómo a veces un dolor punzante y certero, puede ser sanador, cómo el dolor saca el dolor, y que el "veneno" se convierte en el mejor antídoto.
Busqué una aguja fina, y la comenté la posibilidad de mitigar el dolor mediante esa técnica, me miró al principio con algo de confusión, pero luego confió, imagino que cualquier cosa era mejor que ese dolor que casi la transmutaba, que la estaba quemando la expresión de la cara.
Cogí la palma de su mano, y recordé mentalmente el punto exacto, y presioné con la aguja, aliviando casi de inmediato el dolor más interno.
Poco a poco fue mermando el punzante dolor del vientre, recuperó el pulso relajado y la respiración volvió a ser pausada.
Me sentí conectada con ella, conmigo, y cómo no, contigo, que fuiste quién me enseñaste a paliar el dolor, del cuerpo y del alma.
Me sentí en deuda contigo una vez más, por ser maestro de tantas cosas.
Y de decirte que sí, que estuve a punto de escribirte, pero algo afilado atravesó mi corazón, esta vez, fue un alfiler de, igual ya fue, igual, escribir un agradecimiento sea más molesto que otra cosa, no querer molestarte, no querer ser, desaparecer, quedarme en silencio y esperar a que de nuevo, leas esto, y sea mi escondida manera de decirte que te quiero, y que aunque ya no te espero, te doy las gracias por todo,
y por tanto.
Busqué una aguja fina, y la comenté la posibilidad de mitigar el dolor mediante esa técnica, me miró al principio con algo de confusión, pero luego confió, imagino que cualquier cosa era mejor que ese dolor que casi la transmutaba, que la estaba quemando la expresión de la cara.
Cogí la palma de su mano, y recordé mentalmente el punto exacto, y presioné con la aguja, aliviando casi de inmediato el dolor más interno.
Poco a poco fue mermando el punzante dolor del vientre, recuperó el pulso relajado y la respiración volvió a ser pausada.
Me sentí conectada con ella, conmigo, y cómo no, contigo, que fuiste quién me enseñaste a paliar el dolor, del cuerpo y del alma.
Me sentí en deuda contigo una vez más, por ser maestro de tantas cosas.
Y de decirte que sí, que estuve a punto de escribirte, pero algo afilado atravesó mi corazón, esta vez, fue un alfiler de, igual ya fue, igual, escribir un agradecimiento sea más molesto que otra cosa, no querer molestarte, no querer ser, desaparecer, quedarme en silencio y esperar a que de nuevo, leas esto, y sea mi escondida manera de decirte que te quiero, y que aunque ya no te espero, te doy las gracias por todo,
y por tanto.
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