Ayer me llamó una chica diciéndome que era Susana, la novia de un chico con el que estuve algún tiempo.
Sabía que era ella cuando vi su primera llamada (que no pude atender) y vi su foto de perfil, los ojos, el pelo, la piel, igual que la foto que él había colgado de los dos después de dejarme sin explicación alguna.
Me escribió y me dijo que lo sentía que se había equivocado y la dije que las dos sabíamos que eso no había sido una acción fortuita, que las dos sabíamos quiénes éramos...
Se quitó la armadura y me llamó, llorando, hipando, deshecha, y qué queréis que os diga, no fui capaz de verla como una rival, tampoco he sentido como contrincante a una mujer nunca, pero me llegó, porque me contó su historia, quedándose desnuda ante mí, ante una persona que lloró cuando Carlos volvió con ella, dejándome a mí, y en lugar de servirle la venganza en plato frío, le escuché durante hora y media, de quejidos e hiperventilación.
Me contó que llevaba cinco años con Carlos y que había descubierto que le había sido infiel con unas cuantas chicas, gracias a Dios, o no sé ni cómo explicarlo, conmigo estuvo en un tiempo que se dieron en un momento de relación, pero quería cerciorarse si yo efectivamente había estado con él en ese
impasse que se habían dado o era una más de la lista que la había coronado con la cornamenta del año.
Más que nada escuché, le dejé hablar, desahogarse y llorar.
-"¿Y qué hago ahora, después de 5 años juntos?" Preguntó entre lágrimas.
- "Susana, piensa en ti, solo tienes 24 años y no mereces este tipo de humillaciones, y por lo que me has contado, te ha pasado factura a la salud..."- respondí
No fui capaz de decirle la frase que le diría si fuese mi amiga y supiera que la frase no iba a desestabilizarla más. A una de mis filas, sin duda, le habría dicho:
"Mándale al carajo, nena".
Sin más.