martes, 28 de junio de 2016

Furia Inca

Cuando mi padre, que es peruano, estuvo luchando contra el cáncer, un conocido le regaló un libro que se llamaba: "Furia Azteca".
- Para que te dé fuerza- le dijo
Yo cerré los ojos adivinando lo que iba a pasar...
- Gracias, dijo mi padre sonriendo, con la poca fuerza que tenía en ese momento, ¡pero yo soy Inca!
En definitiva, he aprendido que el sentido del humor jamás hay que perderlo, que es el arma más potente para alcanzar la ponderada: resiliencia, evolucionar y hacerse invencible.
Porque nos pueden intentar o conseguir arrebatar todo, pero la actitud de ganador o perdedor, inclinará las fuerzas en el combate.
Mi padre jamás leyó aquel libro, pero aquel t´titulo hizo su papel, sirvió para que mi padre entendiera, que con la tristeza pocas veces se consiguen las cosas, porque nos roba energía, cambió ese sentimiento por otro más potente si sabes canalizarlo correctamente, un poquito, de furia.



.

martes, 14 de junio de 2016

Cuando coges mi mano

No pongo fotos con mi pareja nunca.

No me gusta. Siempre me ha parecido algo íntimo que ahora parece proliferar con esto de las redes sociales, que nos encierran cada día más detrás del escudo de las pantallas.

Me gusta esta foto porque no solo "estamos", sino que "somos" tú y yo, juntos, sonriendo, enlazados, cómplices, con ganas de darnos el uno al otro, de contárnoslo todo, de reírnos del mundo, de compartirnos, rebasar el límite epitelial del otro.

Esta foto somos tú y yo, haciendo amor.


domingo, 12 de junio de 2016

Cambiando...

Yo era un miura. Me han hecho tanto daño que antes de caer, derribaba, antes de que me mordieran, atacaba, antes de parecer débil, "me comía a Dios por los pies", que se dice...
Pamplinas... 
Creedme. 

De nada sirve poner la tirita antes de que haya una herida, de nada sirve dar donde sabes que noquearás para evitar que te desbanque alguna flecha malintencionada de cupido...

Estoy de reformas, remodelándome, y no, no es un eslogan de marca sueca, pero casi. A nivel personal es el mismo trabajo que cuando compras un mueble en Ikea y lo intentas montar, SOLO.

No quiero ser un miura nunca más, no quiero ser un toro desbocado buscando yugulares para evitar perder, porque así no he ganado nunca, sino que he perdido personas que necesitaban algo de paciencia, cariño, y amor. El problema era que siempre pensaba que yo lo necesitaba más por todo lo que cargaba en mi mochila vital, pero, aunque así fuera de alguna manera, y por mucha ira y rabia que albergara en mi interior, me ha sido necesario entender que cada uno tiene sus propios demonios y guerras internas, luchas mayores o menores, pero igual de reseñables e igual de válidas.

Un día aparece alguien que te hace entender que ser una mala bestia no mitiga los dolores internos, solo los disfraza, y si lees esto quiero darte las gracias por haberme hecho sentir de nuevo, y hacerme ver, que ser vulnerable, débil, o estar muerto de miedo, puede ser positivo, y sobrecogedor.

En definitiva:

Brutal.

domingo, 5 de junio de 2016

Mándale al carajo, nena

Ayer me llamó una chica diciéndome que era Susana, la novia de un chico con el que estuve algún tiempo.
Sabía que era ella cuando vi su primera llamada (que no pude atender) y vi su foto de perfil, los ojos, el pelo, la piel, igual que la foto que él había colgado de los dos después de dejarme sin explicación alguna.
Me escribió y me dijo que lo sentía que se había equivocado y la dije que las dos sabíamos que eso no había sido una acción fortuita, que las dos sabíamos quiénes éramos...
Se quitó la armadura y me llamó, llorando, hipando, deshecha, y qué queréis que os diga, no fui capaz de verla como una rival, tampoco he sentido como contrincante a una mujer nunca, pero me llegó, porque me contó su historia, quedándose desnuda ante mí, ante una persona que lloró cuando Carlos volvió con ella, dejándome a mí, y en lugar de servirle la venganza en plato frío, le escuché durante hora y media, de quejidos e hiperventilación.
Me contó que llevaba cinco años con Carlos y que había descubierto que le había sido infiel con unas cuantas chicas, gracias a Dios, o no sé ni cómo explicarlo, conmigo estuvo en un tiempo que se dieron en un momento de relación, pero quería cerciorarse si yo efectivamente había estado con él en ese impasse que se habían dado o era una más de la lista que la había coronado con la cornamenta del año.
Más que nada escuché, le dejé hablar, desahogarse y llorar.
-"¿Y qué hago ahora, después de 5 años juntos?" Preguntó entre lágrimas.
- "Susana, piensa en ti, solo tienes 24 años y no mereces este tipo de humillaciones, y por lo que me has contado, te ha pasado factura a la salud..."- respondí
No fui capaz de decirle la frase que le diría si fuese mi amiga y supiera que la frase no iba a desestabilizarla más. A una de mis filas, sin duda, le habría dicho:
"Mándale al carajo, nena".
Sin más.

jueves, 2 de junio de 2016

Soy una niña institucionalizada

Mi nombre es Naia, y estoy institucionalizada. Me ha costado mucho aprenderme esta palabra, y aún más pronunciarla, pero así es, mi realidad se parece mucho a lo enrevesada que suena.

Estar institucionalizada significa que tu tutela es del estado, eres un niño del estado, eres de todos, y no eres de nadie, y casi menos mal que al menos estoy aquí, porque si no, no sé qué hubiera sido de mí.
Bueno, mejor no pensarlo, que demasiado tengo que procesar: una larga trayectoria que arrastro en mi corta experiencia de vida. Solo tengo 15 años, y ni soy un bebé "adoptable", ni una niña ya apenas, ni una adulta, ni casi sé bien quién soy yo, mi identidad es un continuo otoño con ganas de primavera. 

Veo más a los trabajadores sociales del centro que a mis progenitores. Disculpad que no les llame padres, pero esa palabra no la siento tan cercana. Mi madre es una señora con una problemática de vida en vías de desarrollo estancado, que viene cada tres meses a firmar un papelito y a verme.
A veces sueño, con que se le olvida venir, que se le pasa el plazo y mi historial evoluciona y llego a ser adoptada, pero no falla, sé que es su forma de quererme, pero ojalá hubiese cortado el cordón umbilical que nos unió un día hace tiempo, ojalá hubiese pensado más en mí como hija, que en ella como madre.

Ojalá lo hubiera pensado el estado antes de haberme confinado a esta cadena perpetua, donde no me falta de nada y me falta de todo, lo primordial para vivir, una familia.

Todavía no está todo perdido, aún quedan 3 años para que una familia me pueda acoger, aunque llegaré con una niñez de retraso, solo espero poder formar parte de algo en algún momento, poder dejar de ser un sujeto paciente, a ser un sujeto activo.

Ojalá no vinieras a firmar más, madre, ojalá supieras pensar, más en mí que en ti, alguna vez.