Durante mucho tiempo amé a las sirenas... Las dibujaba en mi niñez, me apasionaban, me imaginaba siendo una de ellas. Me sumergía en terreno acuoso, tan libre, tan humana, y tan etérea, disfrazada de sal, inalcanzable por el mundo terrenal y sus vicisitudes...
Un día, me di cuenta, de que quería volver a recuperar mis caderas, mis piernas, mi autonomía, salir del mar que tanta seguridad me había dado, pero al mismo tiempo, tan relegada y sometida, sin yo saberlo, me había dejado durante tantos años.
Como los osos que duermen durante la estación del frío, para salvaguardarse de esta gélida estación, yo hibernaba de igual manera, en el mar, nadando y obviando los peligros de la superficie, leyendo, imaginando otras realidades, soñando y a veces, sintiendo que me estaba perdiendo algo, pero... esa es el precio por querer sentirse protegido, ¿verdad?
Tenía alma de mujer, sueños de mujer y ansias de correr, pero, como las sirenas, tenía cohibido el rincón del paraíso terrenal, confinado a la imaginación, que no podía dañar jamás.
Entre líneas me leí, y me di cuenta de que la sirena que tenía dentro de "me estaba ahogando", me estaba quedando sin oxígeno. debo reconocer que no hubiese salido a superficie de otra manera.
Tenía pesadillas con botones que me asfixiaban la garganta, encaramados a regias camisas y no lograba quitarlo a tiempo, me apagaba la voz, dejándome sin aire y afónica. todo el mundo pensó que yo era una sirena, hasta yo mismo lo pensaba.
Pero en mi última pesadilla, comencé a batir mi escamada aleta hasta que empecé, yo misma a rasgar su vestidura, hasta que mis piernas comenzaron a darme fuerza y romper mi cadena al mar de los secretos inconfesables, como las llaves sin dueño tiradas al océano.
Me descubrí desnuda sobre las rocas, vencida o venciendo, mi esencia defendiendo, sin tapar mi reino, sin nombre, ni dueño.
Ahora tenía un largo trabajo, volver a conquistarme a mí misma, y no volver a amputar parte de mi ser bajo, armaduras, o aletas infranqueables.
Enamorarme de mí y de mi vulnerabilidad, donde os aseguro que se escondía una fuerza tan fuerte como el mar, capaz de purificar tanto dolor que albergan a veces las superficies tangibles.

No hay comentarios:
Publicar un comentario