Me vas a perdonar, pero es que ahora mismo me pillas en ese momento, en el que no me apetece perder más el tiempo con nadie que no lo merezca.
Para qué andarnos con tonterías, para qué intentar ser políticamente correcta, si lo que me apetece es decirte que me valías cuando todo me valía. Cuando quería huir de todo y tener una relación, aunque fuese mala, me venía hasta bien, para evadirme de mi realidad.
Me vas a perdonar que ahora no te coja el teléfono, que no te conteste a los mensajes, y que no te siga la corriente, esa corriente con la que me electrocuté más de una vez, antes que toda fuente de energía me valía, aunque me quedase chamuscada después de los cortocircuitos que te entraban de vez en cuando.
Me vas a perdonar que se me haya secado la paciencia, y que mis ojos ya no brillen por almacenar lágrimas, sino por guardar momentos y lo mejor aún, esperanza.
Me vas a perdonar que ya no vaya a dormir contigo nunca más, me vas a perdonar que no vuelva a cogerte de la mano, ni a sonreír cuando me llames o escribas.
Me vas a perdonar haberte olvidado, y que no me sienta culpable por dejarte ir, o mejor de todo, por echarte a patadas del armario donde solo has ocupado sitio. Ahora necesito ese espacio para guardar ilusiones y aire limpio.
Me vas a perdonar que haya tirado y vendido tus regalos, me vas a perdonar que ya no quiera cuidarte y que tú vida ahora sea solo asunto tuyo, que ya somos todos mayorcitos.
Me vas a perdonar, porque no te queda otra. O bueno, sí, lo peor va a llegar el día que te tengas que perdonar tú a ti, porque hasta me he tomado la libertad de hacerlo, de perdonarte y dejarte ir.
Me vas a perdonar que me haya enamorado de otra persona, me vas a perdonar que me case con alguien que no seas tú.
Y me vas a perdonar, que no te invite a la boda.
Jessica. León. Escritora ciclotímica establecida en la estratosfera de la molestia. La china de tu zapato.
lunes, 29 de mayo de 2017
viernes, 26 de mayo de 2017
El odio no te servirá de nada
Tanto si me quieres como si me odias, me beneficia. Si me quieres siempre estaré en tu corazón, y si me odias, permaneceré siempre en tu cabeza.
Podía dedicar mi vida al odio, o podía dedicársela al amor.
Hay un momento en la vida en el que todos podemos decidir, ser unos hijos de puta sin sentimientos, o abrir algo más el corazón para dejar que todo el dolor salga, como una gran sangría emocional.
En lugar de obviar hablar de las cosas y cerrar los ojos y esconderse debajo de una piedra.
No es fácil hacer terapia, sentarse delante de un profesional y contarle todas las mierdas que te han acaecido en la vida. "Oh, vaya, ¿quién lo diría?" dice alguna gente sorprendida. Sí señores, y aquí me encuentro: bien erguida, y a veces, agradecida a que escuezan las heridas, tú lo llamas dolor, yo lo llamo vida.
¿Que si soy positiva? ¿Qué otro camino nos queda?
Ah, sí... El el del odio, el del rencor, el resquemor, el miedo, el encerrarme en mí misma, el no permitir que me conozcas del todo, el salir corriendo si veo que me implico demasiado, o que tú te quieres comprometer, porque a veces uno no quiere ser de nadie, que no está mal, el problema es cuando uno no quiere ser casi ni de sí mismo,
El problema es cuando la tierra te duele tanto que te desarraigas, que sueltas las raíces. Al principio ter sentirás libre y liviano. Levitar, como algo drogado. Después de un tiempo, sentirás la resaca de la vida y caerás mareado sobre el suelo, buscando donde pertenecer de nuevo ¿y sabes qué?
Solo el amor puede darnos alas en la tierra.
Podía dedicar mi vida al odio, o podía dedicársela al amor.
Hay un momento en la vida en el que todos podemos decidir, ser unos hijos de puta sin sentimientos, o abrir algo más el corazón para dejar que todo el dolor salga, como una gran sangría emocional.
En lugar de obviar hablar de las cosas y cerrar los ojos y esconderse debajo de una piedra.
No es fácil hacer terapia, sentarse delante de un profesional y contarle todas las mierdas que te han acaecido en la vida. "Oh, vaya, ¿quién lo diría?" dice alguna gente sorprendida. Sí señores, y aquí me encuentro: bien erguida, y a veces, agradecida a que escuezan las heridas, tú lo llamas dolor, yo lo llamo vida.
¿Que si soy positiva? ¿Qué otro camino nos queda?
Ah, sí... El el del odio, el del rencor, el resquemor, el miedo, el encerrarme en mí misma, el no permitir que me conozcas del todo, el salir corriendo si veo que me implico demasiado, o que tú te quieres comprometer, porque a veces uno no quiere ser de nadie, que no está mal, el problema es cuando uno no quiere ser casi ni de sí mismo,
El problema es cuando la tierra te duele tanto que te desarraigas, que sueltas las raíces. Al principio ter sentirás libre y liviano. Levitar, como algo drogado. Después de un tiempo, sentirás la resaca de la vida y caerás mareado sobre el suelo, buscando donde pertenecer de nuevo ¿y sabes qué?
Solo el amor puede darnos alas en la tierra.
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