Rompí todos los espejos,
y solo me quedé con el reflejo que tus ojos me devolvían de mí.
Así de simple.
Así de duro.
Perdí la perspectiva, el norte, las bridas.
Solté las riendas de mis caballos.
Dejé mi destino en manos del hado.
Y casi me esfumé de mí misma.
Te dejé el control de mi vida,
el color de mi sonrisa,
delegué en ti mi felicidad,
la dicha,
el día a día.
Y cuando curé mis heridas,
me llamaste desagradecida,
por querer echar a volar.
Y entonces,
cogí cada cristal del espejo
que un día rompí para no verme,
y lo pegué cuidadosamente.
Me gusté por primera vez,
rota y bella,
llorosa y heroica.
Y por primera vez,
volví a sonreír.
Por mí y para mí.
Rozando con cariño,
cada una de las aristas que recomponían mi ser.
Jessica. León. Escritora ciclotímica establecida en la estratosfera de la molestia. La china de tu zapato.
domingo, 22 de mayo de 2016
miércoles, 18 de mayo de 2016
Cargado de razones
Le dio un beso cargado de razones,
y qué mejor razón hay para dar un beso.
Soñó mientras dormía,
Sintió tanta alegría,
abrazando y abrazada,
la vida le sonreía.
Sintió que esa noche,
el sol por fin salía,
mimada,
y tan cuidada,
respetada,
protegida.
Sintió la eternidad,
enlazada entre sus dedos,
rozó su corazón,
tan solo con un beso.
martes, 17 de mayo de 2016
Ahora que ya no la mira...
Se miraba sin mirarse,
mientras que alguien la miraba...
Ahora mira a quien
ya no mira,
al que antes la ojeaba
Ahora que él ya no la mira.
Ahora que no ve su mirada.
Mira que mira la vida,
Que mira cuando ya no es mirada.
Quiero que me mires de nuevo,
Sentir tus ojos como espadas,
Quiero darme la vuelta,
Para ver de nuevo tu cara.
Mira que mira la vida,
Mira que quiero mirarla,
Y cuanto más me siento a verla,
Siento que más se me escapa.
Mira que mira la vida,
Me tatuaré tu mirada,
Cuando me fotografíes de nuevo,
Y se dibujen tus ojos
En mi espalda...
mientras que alguien la miraba...
miércoles, 11 de mayo de 2016
Por qué me enamoré de ti
No tenía mucha esperanza en nada,
Hasta que te oí reír por primera vez.
Como una cascada,
Como un terremoto,
Como un tornado.
Entonces me dije:
"Esperanza es algún día volver a reírse así."
Y cuando volví a hacerlo las dos carcajadas al unísono fueron
como un ultrasonido,
purgando hasta el último rincón del alma.
Y entonces lo supe:
Me enamoré de él porque me hizo volver a enamorarme de mí misma...
Hasta que te oí reír por primera vez.
Como una cascada,
Como un terremoto,
Como un tornado.
Entonces me dije:
"Esperanza es algún día volver a reírse así."
Y cuando volví a hacerlo las dos carcajadas al unísono fueron
como un ultrasonido,
purgando hasta el último rincón del alma.
Y entonces lo supe:
Me enamoré de él porque me hizo volver a enamorarme de mí misma...
lunes, 9 de mayo de 2016
Carta abierta al amor de mi vida III (Lo último que te dije)
Si hubiera sabido que esa era la última vez que nos veríamos, te hubiese dicho la misma frase que te dije, que debió hacerte gracia por cómo me mirabas. Mientras que el aire se te atascaba por dentro, a mí se me ocurrió decirte eso para que te centraras en mi mensaje y no en tu agonía, te cogía la mano, y tú la abrazabas con la tuya, e igual eras tú quien me sostenía, aún no lo sé.
Solo sé que por más que me rebelara al destino,algo me decía que eran tus últimos días conmigo. Te decía que luchases cuando dormías, te acariciaba la frente, las mejillas y el dorso de la mano, y repetía como un mantra: "Te quiero"...
Hoy es el día en el que cumplirías un año más y recibirías las felicitaciones de todos, nos invitarías a comer como siempre hacías, nos convidarías con algo que hubieses estado preparando durante dos días, querrías que disfrutásemos más que tú incluso ese día, iríamos a comprar dulces después de comer...
Hoy sería uno de esos días donde todo se pararía, y aún sin estar tú, siento que todo se para, hoy irías a por uno más, hoy daría lo que fuese por volver a sentir el calor de tu mano, mientras cerraba los ojos.
Si supiera que es la última vez que hablamos, te volvería a decir ese juego de palabras que me regaló tu última sonrisa de complicidad, mirándome con esos ojos que me lo perdonaban todo.
Si supiera que es la última vez que hablamos te diría algo como esto:
"Sin duda tú has sido uno de los amores de mi vida, no te olvido, no lleno tu hueco con nada ni nadie, pero aquí sigo, luchando, creyendo en el amor, en el trabajo, en los abrazos que siento que me das cuando siento escalofríos mientras pienso: "no te vayas nunca".
"Yo también quiero decirte algo"- he sentido mientras escribía estas palabras:
"Nunca olvides que te quiero y piensa siempre en ti, te vi en en el Bardem bailando, ¿qué te has hecho en pelo con lo bonito que lo tienes? Ale, y ahora a dormir, que mira que te gusta liarme.
Me despido como tú me presentabas, con orgullo y con el mejor título que he obtenido en mi vida.
Por siempre jamás,
viernes, 6 de mayo de 2016
Todo aquello que no te dije (Carta abierta al amor de mi vida II)
Cuando nos dejamos nos despedimos con un beso en los labios, yo reía porque pensé que era un enfado sin importancia y poco después me fui con una amiga a tomar algo.
Vale, no me deja en muy buen lugar, pero estaba sometida a tanta presión, que no sabía discernir entre lo políticamente correcto y lo que no, quedarme mucho rato parada me frenaba hasta los latidos del corazón, me helaba la sangre. N
ecesitaba no quedarme quieta, no pensar, no llorar tan siquiera, aunque me estuvieses diciendo que me dejabas.
Si paraba, sabía que no podría continuar con el ritmo, tendría que parar toda la maquinaria, en mi cabeza se agolpaban las imágenes del hospital, mi padre tendido en la cama, el olor de la quimioterapia, el tono sepia que deja en la piel dicho veneno sanador, el pitido que me perforaba el tímpano cada 20 minutos para cambiar la medicación que pendía de un brazo metálico hacia mi padre. Si paraba, mandaría la Universidad al carajo, olvidaría que una vez intenté ser periodista, dejaría de bailar, si paraba todo se estancaría y se marchitaría, lo soltaría todo, hasta a ti.
Me dijiste que querías casarte conmigo, tener hijos, vivir juntos... todo me abrumaba tanto, que no supe contestarte un: "yo también", me quedé callada esperando que el hado resolviera la situación, pero eso lo empeoró todo, te di a entender que yo jamás querría eso contigo, que tú no eras importante, que yo no estaba preparada, tú llorabas de impotencia a no verte correspondido y yo sonreía de desolación al sentir que tú no ibas a esperarme, como yo había hecho tantas veces.

Ninguno supo, sujetar la situación y ambos soltamos la cuerda por donde el otro caminaba, yo hacia a ti, y tú hacia a mí. Fuimos tontos, pensamos que el amor podía solventarlo todo, pero no, todo lo hubieran solucionado dos palabras:
"YO TAMBIÉN".
Vale, no me deja en muy buen lugar, pero estaba sometida a tanta presión, que no sabía discernir entre lo políticamente correcto y lo que no, quedarme mucho rato parada me frenaba hasta los latidos del corazón, me helaba la sangre. N
ecesitaba no quedarme quieta, no pensar, no llorar tan siquiera, aunque me estuvieses diciendo que me dejabas.
Si paraba, sabía que no podría continuar con el ritmo, tendría que parar toda la maquinaria, en mi cabeza se agolpaban las imágenes del hospital, mi padre tendido en la cama, el olor de la quimioterapia, el tono sepia que deja en la piel dicho veneno sanador, el pitido que me perforaba el tímpano cada 20 minutos para cambiar la medicación que pendía de un brazo metálico hacia mi padre. Si paraba, mandaría la Universidad al carajo, olvidaría que una vez intenté ser periodista, dejaría de bailar, si paraba todo se estancaría y se marchitaría, lo soltaría todo, hasta a ti.
Me dijiste que querías casarte conmigo, tener hijos, vivir juntos... todo me abrumaba tanto, que no supe contestarte un: "yo también", me quedé callada esperando que el hado resolviera la situación, pero eso lo empeoró todo, te di a entender que yo jamás querría eso contigo, que tú no eras importante, que yo no estaba preparada, tú llorabas de impotencia a no verte correspondido y yo sonreía de desolación al sentir que tú no ibas a esperarme, como yo había hecho tantas veces.

Ninguno supo, sujetar la situación y ambos soltamos la cuerda por donde el otro caminaba, yo hacia a ti, y tú hacia a mí. Fuimos tontos, pensamos que el amor podía solventarlo todo, pero no, todo lo hubieran solucionado dos palabras:
"YO TAMBIÉN".
martes, 3 de mayo de 2016
Carta abierta al Amor de mi vida
Si has llegado hasta aquí, y estás leyendo esto... digamos que ya siento que ha merecido la pena escribir esta epístola.
No pretendo nada con esta carta, o sí, tal vez voy a por el todo, tal vez es una llamada de atención a la desesperada, para que me escuches y no solo me oigas, para que me mires, y no solo me veas, para "llegarte" y que no resbalen mis palabras, como si fueses impermeable.
Llegados a este punto, solo quiero decirte que has sido el amor de mi vida.
Tal vez yo lo haya sido de la tuya en algún momento, pero te escribo desde aquí, para decirte que sigues siendo esa persona especial a la que no puedo olvidar, ni con agua hirviendo, ni con aguarrás, ni con amores venideros, a los que deserté porque no eran tú, así de simple e injusto para todos los que intentaron ocupar una plaza en mi corazón que siempre estuvo inundada de ti.
Te prometo que he luchado contra todo esto, mis allegados me han dicho que me rinda, que abandone, que asuma que a veces se gana, y a veces se aprende, pero ya he aprendido, y ahora creo que me toca, por fin ganar, o volver a ganarte, o que ganemos.
Mi amiga me ha dicho que por qué no te envío estas frases a tu correo personal, o impresa como antaño, a tu casa, pero no sé, no me veo con fuerzas de hacerlo, igual prefiero pensar, en mi ingenuidad interior, prefiero pensar que si nunca contestas, es porque jamás la leíste, llámame cobarde, pero a veces, esa cobardía no sabes lo que reconforta a los corazones arriesgados como el mío, con tanto miedo de pender en el vacío del mutismo.
No quiero decirte lo que me dijiste tú a mí: "que nunca te voy a olvidar", que "quién fuese pasado", no voy a lanzarte premisas conformistas porque me niego a relegarme, a bajar la mirada y decir: "una vez amé como a nadie".
Nadie ha sabido amarme como tú, y no, no te idealizo, porque hubo impedimentos que nos impedían dar más, o mejor, pero lo hicimos lo mejor que sabíamos en ese momento, con las herramientas que poseíamos, y oye, después de tanto tiempo, si aún no he olvidado esto, es por algo. ¿No?
Tampoco sé a quién escribo, si escribo al chico con el que estuve, o al hombre en el que te has convertido, yo también he cambiado, pero dicen que la esencia prevalece.
Llego a este punto porque si pierdo no quiero sentir que perdí por claudicar, por dejadez, por no quedar como una pardilla, como una palurda que no ha superado a su primer y único amor de su vida.
Porque nadie ha sabido ayudarme como tú lo hiciste, despertarme el alma, despeinarme la calma, y darme ese calor, y que no, que no estoy embelleciendo nada, que recuerdo cada luz y cada sombra, y con todo me quedo, con todo, pero me abruma solo tener hoy por hoy recuerdos.
Y esto, no es un arrebato momentáneo, sino un alarido al aire después de reprimir tantos gritos ahogados, de tantos besos recibidos que solo me llevaban a ti, a como tú me los dabas, al sabor de tu presencia en mi vida.
Esta carta te la escribo para pedirte perdón por no haber luchado una vez más por ti, no tuve fuerzas en ese momento, y tenía que pensar en mí, luego no puedo negarte que hubo algo de orgullo en mi decisión de no mirar atrás, incluso cuando besabas los pasos que daba en la arena, pensé, que podía olvidarte, y hacer de ti, mi pasado, qué sé yo. Reculo sobre mis huellas, vuelvo a por ti, y sé que han pasado más personas por nuestras vidas, acontecimientos, pero mi amor, nos debemos algo, al menos una última sonrisa al volver a vernos, que me tomes las manos temblorosas, que nos besemos una vez más temblando como si se nos fuera la vida en ello.
Ojalá, todavía estemos a tiempo, nunca se llega tarde, cuando el corazón recuerda lo que nunca olvidó.
¿Estamos aún a tiempo mi amor?
Lo tuve todo, y sin ti nada estaba entero...
Te amo, te quiero.
No pretendo nada con esta carta, o sí, tal vez voy a por el todo, tal vez es una llamada de atención a la desesperada, para que me escuches y no solo me oigas, para que me mires, y no solo me veas, para "llegarte" y que no resbalen mis palabras, como si fueses impermeable.
Llegados a este punto, solo quiero decirte que has sido el amor de mi vida.
Tal vez yo lo haya sido de la tuya en algún momento, pero te escribo desde aquí, para decirte que sigues siendo esa persona especial a la que no puedo olvidar, ni con agua hirviendo, ni con aguarrás, ni con amores venideros, a los que deserté porque no eran tú, así de simple e injusto para todos los que intentaron ocupar una plaza en mi corazón que siempre estuvo inundada de ti.
Te prometo que he luchado contra todo esto, mis allegados me han dicho que me rinda, que abandone, que asuma que a veces se gana, y a veces se aprende, pero ya he aprendido, y ahora creo que me toca, por fin ganar, o volver a ganarte, o que ganemos.
Mi amiga me ha dicho que por qué no te envío estas frases a tu correo personal, o impresa como antaño, a tu casa, pero no sé, no me veo con fuerzas de hacerlo, igual prefiero pensar, en mi ingenuidad interior, prefiero pensar que si nunca contestas, es porque jamás la leíste, llámame cobarde, pero a veces, esa cobardía no sabes lo que reconforta a los corazones arriesgados como el mío, con tanto miedo de pender en el vacío del mutismo.
No quiero decirte lo que me dijiste tú a mí: "que nunca te voy a olvidar", que "quién fuese pasado", no voy a lanzarte premisas conformistas porque me niego a relegarme, a bajar la mirada y decir: "una vez amé como a nadie".
Nadie ha sabido amarme como tú, y no, no te idealizo, porque hubo impedimentos que nos impedían dar más, o mejor, pero lo hicimos lo mejor que sabíamos en ese momento, con las herramientas que poseíamos, y oye, después de tanto tiempo, si aún no he olvidado esto, es por algo. ¿No?
Tampoco sé a quién escribo, si escribo al chico con el que estuve, o al hombre en el que te has convertido, yo también he cambiado, pero dicen que la esencia prevalece.
Llego a este punto porque si pierdo no quiero sentir que perdí por claudicar, por dejadez, por no quedar como una pardilla, como una palurda que no ha superado a su primer y único amor de su vida.
Porque nadie ha sabido ayudarme como tú lo hiciste, despertarme el alma, despeinarme la calma, y darme ese calor, y que no, que no estoy embelleciendo nada, que recuerdo cada luz y cada sombra, y con todo me quedo, con todo, pero me abruma solo tener hoy por hoy recuerdos.
Y esto, no es un arrebato momentáneo, sino un alarido al aire después de reprimir tantos gritos ahogados, de tantos besos recibidos que solo me llevaban a ti, a como tú me los dabas, al sabor de tu presencia en mi vida.
Esta carta te la escribo para pedirte perdón por no haber luchado una vez más por ti, no tuve fuerzas en ese momento, y tenía que pensar en mí, luego no puedo negarte que hubo algo de orgullo en mi decisión de no mirar atrás, incluso cuando besabas los pasos que daba en la arena, pensé, que podía olvidarte, y hacer de ti, mi pasado, qué sé yo. Reculo sobre mis huellas, vuelvo a por ti, y sé que han pasado más personas por nuestras vidas, acontecimientos, pero mi amor, nos debemos algo, al menos una última sonrisa al volver a vernos, que me tomes las manos temblorosas, que nos besemos una vez más temblando como si se nos fuera la vida en ello.
Ojalá, todavía estemos a tiempo, nunca se llega tarde, cuando el corazón recuerda lo que nunca olvidó.
¿Estamos aún a tiempo mi amor?
Lo tuve todo, y sin ti nada estaba entero...
Te amo, te quiero.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





