Empezando por ahí.
Y da igual si piensas que no se me ve así desde tu esfera.
Si piensas que voy de farol, o que es una pose para llamar la atención, que ojalá lo fuera.
Lo cierto es que tengo miedo a que me quieran, y a que no lo hagan.
A que me toques, y salir corriendo.
A exponerme, a quemarme, a mojarme, tengo miedo.
A tener que hablar de mi vida, y a no saber hacerlo.
A ser lo que buscas y no tener huevos.
A perderme una vez más y no alzar el vuelo.
A que me quieran cerca y sentir claustrofobia, y boicotear una relación que me acoge, que me arropa.
A ser tuya, y a no ser de nadie.
Tengo miedo a la asfixia, y también al aire.
Tengo miedo a no saber coger mis armas, empuñarlas y zafarme de algunas garras.
Pero agárrame cuando me rebele, cuando diga que no soy asunto tuyo, cuando esgrima alguna torpeza, de esas que me salen, cuando me entra el pánico.
Y mírame a los ojos, y abrázame fuerte, y dime que te quedas a escucharme, aunque no lo entiendas al principio.
Cuando tu hables de amor y de la vida, y yo hable de trabajo, y una vez más intente esquilmar el cariño y el interés que me profesas.
Y tenme paciencia, porque aún habiendo pesadillas, seguimos soñando, y esos nos quita el miedo, el ser gente que aún...

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