martes, 23 de febrero de 2016

Cuando dejé de ser sirena

Durante mucho tiempo amé a las sirenas... Las dibujaba en mi niñez, me apasionaban, me imaginaba siendo una de ellas. Me sumergía en terreno acuoso, tan libre, tan humana, y tan etérea, disfrazada de sal, inalcanzable por el mundo terrenal y sus vicisitudes...
Un día, me di cuenta, de que quería volver a recuperar mis caderas, mis piernas, mi autonomía, salir del mar que tanta seguridad me había dado, pero al mismo tiempo, tan relegada y sometida, sin yo saberlo, me había dejado durante tantos años.
Como los osos que duermen durante la estación del frío, para salvaguardarse de esta gélida estación, yo hibernaba de igual manera, en el mar, nadando y obviando los peligros de la superficie, leyendo, imaginando otras realidades, soñando y a veces, sintiendo que me estaba perdiendo algo, pero... esa es el precio por querer sentirse protegido, ¿verdad?
Tenía alma de mujer, sueños de mujer y ansias de correr, pero, como las sirenas, tenía cohibido el rincón del paraíso terrenal, confinado a la imaginación, que no podía dañar jamás.
Entre líneas me leí, y me di cuenta de que la sirena que tenía dentro de "me estaba ahogando", me estaba quedando sin oxígeno. debo reconocer que no hubiese salido a superficie de otra manera.
Tenía pesadillas con botones que me asfixiaban la garganta, encaramados a regias camisas y no lograba quitarlo a tiempo, me apagaba la voz, dejándome sin aire y afónica. todo el mundo pensó que yo era una sirena, hasta yo mismo lo pensaba.
Pero en mi última pesadilla, comencé a batir mi escamada aleta hasta que empecé, yo misma a rasgar su vestidura, hasta que mis piernas comenzaron a darme fuerza y romper mi cadena al mar de los secretos inconfesables, como las llaves sin dueño tiradas al océano.
Me descubrí desnuda sobre las rocas, vencida o venciendo, mi esencia defendiendo, sin tapar mi reino, sin nombre, ni dueño.
Ahora tenía un largo trabajo, volver a conquistarme a mí misma, y no volver a amputar parte de mi ser bajo, armaduras, o aletas infranqueables.
Enamorarme de mí y de mi vulnerabilidad, donde os aseguro que se escondía una fuerza tan fuerte como el mar, capaz de purificar tanto dolor que albergan a veces las superficies tangibles.

viernes, 12 de febrero de 2016

Te perdono

El rencor no te salva de nada. Eso para empezar. A veces, cuando he hablado de ciertos temas con gente cercana, me han preguntado cómo es que no albergo rencor ante ciertas situaciones. Eso no quiere decir que no lo haya habido, por supuesto, pero he elegido no casarme con él, no darle hijos a ese ser mezquino, lleno de resentimiento y resquemor. ¿Por qué? Porque es un cáncer vital, tal vez, al principio no sea algo físico, pero carcome y pudre de igual manera el alma.

Elijo el perdón, porque me libera, porque me hace mejor, porque es alquímico, sanador, y humano, menos instintivo que el rencor, menos visceral y más científico, conduce a una higiene mental.

Elijo parecer tonta perdonando que certificar mi estupidez vitalicia, albergando ansias de revancha y venganza.

Quédate con tu odio, si quieres, pero no voy a recibirlo, ni siquiera a juzgarlo, lo creas o no, he pasado por demasiadas cosas, que al fin, ya he perdonado.


lunes, 8 de febrero de 2016

Quiero un marido

Busco un marido. Sí, lo que lees. Abstenerse los que van a intentar disuadirme, y más quien disponga de un marido a su merced.
Quiero un marido, y no intentéis convencerme de que por qué no mejor un amante, así, sin compromiso ni na', o un novio, de cita y visita, y luego cada uno pa' su casa y Dios en la de todos.
Que no, que lo tengo muy claro, que quiero un marido, para aprovechar los domingos de cine o de "peli y mantita", un marido que me abrace al dormir, y me diga: "Vamos nena, a por ello", que me sonría con complicidad y por qué no, admiración.
He puesto velas rojas y rosas a San Judas Tadeo, a San Pancracio, a Buda, y al Hado, a ver si por algún lado mis plegarias surtieran efecto, estoy por llamar a Juan Tamariz, como esto no fluya.
He comprado inciensos de distintas fragancias para que me ayuden a elevar mis peticiones al Altísimo, y estoy haciendo cada día el saludo al sol, para purificar mis chakras, y poner a punto mi automóvil vital.
Pero no me convence nadie, no quiero un marido a la desesperada, ese es el problema, no me vale cualquiera que me haga caso, ni cualquiera que me quiera, si no, ya estaría infelizmente casada, con el mocho en la cabeza y la guatiné a cuestas, gritándole al Borja que se esté quieto o se queda sin la "Play".
No quiero un marido de rebote, ni de improviso, quiero un marido, que sea para mí, que esté deseoso de una mujer anárquica, que no sea un calzonazos, pero tampoco un dictador emocional.
Mis premisas, lo lanzo al universo, son las siguientes:
- Que sea inteligente
- Guapo
- Que sea fiel y leal, y no solo en el sentido carnal propiamente dicho
- Que me haga reír
- Pacífico
- Trabajador
- Que los folículos capilares de la cabeza los tenga activos y uniformemente distribuidos para que no claree el cartón del susodicho
- Que sepa ser sutil
- Que sepa quererme como necesito
- Que me deje reír o llorar cuando así me nazca
- Que me coja de la mano al pasear
- Que me diga, que aunque esté conmigo, yo no necesitaba un marido, pero que es genial haber coincido.
- Que tenga cosas que enseñarme y aportarme
- Que me recuerde a él mismo

Así que hago un avioncito de papel con mis querencias y la hago volar, a ver a quién llega, oye, uno nunca sabe si mi marido también tiene alas, como yo, y esta volando buscando compañera de viaje y de cielos, dos aves buscando un ancla, el ancla que te da el amor.