Por fin, quiero compartir esta noticia con todo el mundo. Que me caso, con el amor de mi vida. He tenido esta noticia a buen recaudo, porque nos jugábamos mucho.
Queríamos probarnos, vivir juntos por un tiempo, saber qué era eso de amanecer cogidos de la mano, o de hacer una colada conjunta, cocinar para él comida mala y que él tuviese que ponerse el delantal acto seguido. "Ay, mi periodista..." sonreía mientras se disponía a calentar el aceite en la sartén.
Perdonad por no haberos contado nada, pero nos dimos una oportunidad después de algún tiempo, y había tanto pendiendo de un hilo, estábamos tan a flor de piel, que ni nos creíamos el avance de los acontecimientos.
Os puedo decir, que me caso con quien fue mi primer amor, y sé que será de la misma forma el último.
Al fin cerramos el círculo, pero nuestro futuro se queda dentro.
Tal vez siempre estuvimos casados, unidos, y destinados, pero, necesitábamos cotejarlo, corroborarlo, probar otros brazos, que paradójicamente siempre nos empujaban de nuevo a estar aún más cerca.
Muchos os enteráis de todo por estas líneas y solo os pido que no nos guardéis rencor, era necesario, el secreto, mejor guardado, y a la vez a voces, ya que todos me susurrabais eso de: "vosotros tenéis que acabar juntos..." al final así ha sido, casi de casualidad, la casualidad que une a dos corazones que laten casi al unísono, en polifonía... Una canción que no estaba completa sin sus dos líneas musicales.
Así que, desde aquí, os quiero emplazar a todos los que os alegráis, a encender una vela, en nombre del amor, del caprichoso hado, que lió todo, y lo volvió a desenmarañar.
Me caso, y solo quiero saber que estaréis con nosotros ese día, y los que faltan por llegar.
Me caso, y eso significa, hogar, nuestro propio hogar.
Qué vivan aquellos que aún siguen creyendo en el amor y en sus regalos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario