lunes, 30 de noviembre de 2015

Me caso

Por fin, quiero compartir esta noticia con todo el mundo. Que me caso, con el amor de mi vida. He tenido esta noticia a buen recaudo, porque nos jugábamos mucho.
Queríamos probarnos, vivir juntos por un tiempo, saber qué era eso de amanecer cogidos de la mano, o de hacer una colada conjunta, cocinar para él comida mala y que él tuviese que ponerse el delantal acto seguido. "Ay, mi periodista..." sonreía mientras se disponía a calentar el aceite en la sartén.
Perdonad por no haberos contado nada, pero nos dimos una oportunidad después de algún tiempo, y había tanto pendiendo de un hilo, estábamos tan a flor de piel, que ni nos creíamos el avance de los acontecimientos.
Os puedo decir, que me caso con quien fue mi primer amor, y sé que será de la misma forma el último.
Al fin cerramos el círculo, pero nuestro futuro se queda dentro.
Tal vez siempre estuvimos casados, unidos, y destinados, pero, necesitábamos cotejarlo, corroborarlo, probar otros brazos, que paradójicamente siempre nos empujaban de nuevo a estar aún más cerca.
Muchos os enteráis de todo por estas líneas y solo os pido que no nos guardéis rencor, era necesario, el secreto, mejor guardado, y a la vez a voces, ya que todos me susurrabais eso de: "vosotros tenéis que acabar juntos..." al final así ha sido, casi de casualidad, la casualidad que une a dos corazones que laten casi al unísono, en polifonía... Una canción que no estaba completa sin sus dos líneas musicales.
Así que, desde aquí, os quiero emplazar a todos los que os alegráis, a encender una vela, en nombre del amor, del caprichoso hado, que lió todo, y lo volvió a desenmarañar.
Me caso, y solo quiero saber que estaréis con nosotros ese día, y los que faltan por llegar.
Me caso, y eso significa, hogar, nuestro propio hogar.
Qué vivan aquellos que aún siguen creyendo en el amor y en sus regalos.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Déjame ser tu cielo

Me he vuelto loca.
Me da todo igual.
Hoy estoy desnudándome de complejos.
Tus besos son versos en mi cuerpo.
Tus caricias, casi poesía.
Esta felicidad es casi obscena, casi hiriente.
Casi execrable.
Me aterra esta dicha.
Me aterra que se enteren que somos,
que somos tan "nosotros".
Que me haces construir paredes,
y derruir muros.
Que me besas hasta en las cicatrices más intrincadas,
cuanto más te aparto de ellas con pudor,
más te acercas,
"son tu fuego",
susurras.
Juegas con mis escalofríos,
con mis temblores.
"¿En qué crees?"
"En las alas."
"Úsalas",
me instas,
"y déjame ser tu cielo...
"

jueves, 26 de noviembre de 2015

Hipocesía

Veo gente hipócrita a mi alrededor y me pregunto:
"¿Quiero ser como ellos yo?"
Me han vendido la cabeza en bandeja de plata tantas veces,
Que he aprendido a guiarme por el corazón.
Podía haber ganado a veces, siendo falsa.
Pero por otra parte,
Hubiese perdido yo.
Tú ganas.
Tu rencor.
Tu revanchismo.
Tu "pobre de mí",
Tu infantilismo.
Y créete mejor,
Cree que vences cada vez que calumnias sobre mi nombre,
Esputos peores,
Se lleva la lluvia.
Y cuando hablan conmigo,
Y comparan,
Se dan cuenta de por qué me denigrabas.

sábado, 14 de noviembre de 2015

¿Cuánto vale una vida?

Estoy a favor de la unión, del amor, del diálogo, de la comprensión, de lo humano que queda en nosotros. Tengo fe, en que el sí pueda al no, que "el ojo por ojo y diente por diente" no merezca nunca la pena, de que el odio no sea adalid para llevarnos la vida de nadie por delante.
La de nadie. Que incluso aquel con quien no fraternizas y no estás de acuerdo tiene derecho a vivir.
Que las personas cuando se las reduce a cifras mortales, dejan un rastro insondable de vacío, de eco, de silencio, de oscuridad.
Y me duele París, como me dolió Madrid el día que nos detonaron la dinamita en el pecho de Atocha, el día que lloramos todos; que me duele Siria, que me duele Egipto, Líbano, que me dolió Túnez, que me duele Afganistán, Irak; que me duele África, buscando amparo en una Europa cada vez más desangelada y opaca; que me duele el dolor gratuito, que podría ser subsanado.
Las guerras parece que siguen mereciendo la pena a los de arriba, mientras siempre caemos los mismos en sus batallas, los de a pie, los que esperamos que llegue el sábado para ir a visitar a la abuela, ver a nuestro novio, comer con los padres, la rutina feliz del vivir, y que porque sí te lo arranquen, porque combaten con el video-juego de nuestras vidas, donde después del GAME OVER,  nadie puede regresar a sus casas.

Algo se me escapa de las manos, veo los restos mortales que dejan los atentados en Palestina, veo la sangre mezclada con las lágrimas, y las miradas de miedo inquiriendo respuestas.
¿Y sabéis qué? Cada vez hay más piezas en blanco en este puzle, un rompecabezas donde o empezamos a intentar encajar todos, o cada vez será más incompleto, más inhumano y más infranqueable e intransitable. El algún momento los seres humanos hacemos "click", hay un momento, el más peligroso en la vida de alguien donde pasa algo, que hace que todo te dé igual. Puede que sea tu vida o la de los demás, total, que más da...
Frivolizan con vidas ajenas y solo podemos pedir no estar en la próxima lista negra, no estar en el número que el azar disponga para la próxima tirada. Mientras tanto, los que pilotan el mando, el joy stick de la partida, terroristas o algunos mandatarios, salen indemnes de cualquier confrontación.
A veces, uno se siente un peón en un tablero de ajedrez y mientras se le hunden las cuencas de los ojos en la mirada viendo las crónicas gráficas y descarnadas del noticiario, se pregunta:
¿Cuánto vale una vida?


D.E.P