lunes, 24 de julio de 2023

Desinfectando el corazón

 Ayer fui a anillarme la nariz.

Para mí, detrás de una perforación o tatuaje, siempre hay una idea central que resume el sentido de una perforación. Un leitmotiv, una motivación, una enseñanza que me quiero dar a mí misma.

Hacía tiempo que quería hacérmelo, también bullía dentro de mí la idea central que había detrás de ello.

Llegué al local y el instrumental estaba ya abierto. El anillador se excusó diciendo que lo había abierto cinco minutos antes de que yo llegara. ¿En serio?

Le dije que si no tenía otro material que pudiera abrir delante de mí y dijo que no.

- Bueno, pues me iré a otro sitio- dije con resignación.

- Como veas- dijo el 'profesional', desganado.

Pasa como después de una relación. Si empiezas algo con alguien que no esterilizó su corazón antes de empezar otra, te contagiarás de todo lo que no se haya limpiado.

Y créeme, no se trata de buscar culpables y de saber quién infectó el material, sino de pasar un control de salubridad emocional antes de involucrarte con otro ser humano. A ver para cuando un profiláctico emocional, ahí lo dejo.

Por cierto, si queréis saber cómo terminó la historia, os diré que encontré un sitio de pendientes en el que sí abrieron el instrumental delante de mí y me atendieron de maravilla.

Pues como en la vida: no te quedes con lo primero que pase, las segundas tiendas en las que entras, son las mejores.

Aunque tengas que recorrerte Madrid de punta a punta. 

Merecen la pena los trayectos que se convierten en caminos.




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