Sé que el título es sobrecogedor.
Pero es una afirmación constante en mi vida.
No es la muerte lo que me atemoriza.
Es la idea de morirme, y no por desaparecer en realidad.
No, no es eso.
Me daría mucha rabia el irme de este plano sin sentir que he culminado.
Sentir que no he hecho todo lo que quiero hacer.
Que no he... sido todo lo que estoy en potencia de ser...
Que no he bailado donde aún quiero bailar.
Que no he tenido hijos,
o y esta afirmación es cierta,
morirme a falta de aprobar las últimas asignaturas de la carrera.
Tal vez, estos días, en los que sólo estudio y doy clases de danza me planteo este tipo de cosas.
No son agradables,
simplemente pienso,
y si con el ritmo tan frenético que llevamos,
pensando que ya pararemos más adelante,
algo nos pasará y entonces eso se quedase en el vacío eterno...
¿Y Qué?
Me da vértigo.
Y sé que no debo de plantearme esas cosas.
Esas cosas que te planteas cuando alomejor has visto tanto ya en la vida.
Que sabes que cuando la suerte se despista todos somos vulnerables de perder,
la estabilidad que nos une a este mundo.
Cuando veo que la gente posponer el vivir,
que pospone viajes,
relaciones,
sentir ahora,
hipotecados a un mañana hipotético,
siento que la incertidumbre atenaza a mi conciencia,
y mirando a esa persona pienso para mí misma...
¿Y si no llega el mañana?
Tal vez por eso la gente consume sus fines de semana,
adheridos al alcohol,
buscando un éxtasis que les es ajeno en su vida diaria.
Un "que la vida son dos días" pintados en la resaca del domingo,
todos buscamos un equilibrio,
y nos balanceamos permanentemente,
por si acaso tenemos que bajarnos del columpio en algún momento,
y sentir que jugamos a vivir,
que bailamos hasta incendiar las tablas del auditorio de nuestras vidas.
que nos dejamos la piel,
que nos dejamos la respiración y la sonrisa.
Me sigo planteando aún, si quiero ser:
Cigarra u Hormiga...
Jessica.